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PARALELOS EN LAS RELACIONES BILATERALES DE LOS
PAÍSES ANDINOS
Por: Nicolai Wilhelmi
Investigador del Área de Democracia de
la Comisión Andina de Juristas.
En el contexto del inicio de un
nuevo capítulo en las relaciones internacionales
del Perú debido al cambio de mando presidencial
el próximo mes de julio y a la ya anunciada
intención de reorganizar Torre Tagle por
parte del partido aprista me detengo a hacer unas
reflexiones de las relaciones Perú-Ecuador
y Chile-Perú.
En ambos casos existió una
guerra que generó un resentimiento en la
nación vencida, sin embargo la evolución
tuvo un quiebre en el caso peruano-ecuatoriano
a partir de 1995. El resentimiento y animadversión
hacia el Perú ha disminuido en el vecino
del norte.
A pesar de la declaración
de nulidad del gobierno del Dr. Velasco
Ibarra (1960); ningún
gobierno ecuatoriano denunció el Protocolo
de Río de Janeiro ni ante el Perú
ni ante ningún organismo internacional.
No se puso en tela de duda la legitimidad de los
hitos ya colocados, ni se desconoció la
calidad de garantes de los Estados Unidos, Argentina,
Brasil y Chile, aunque eufemísticamente
se los pasó a denominar "países
amigos" en vez de "países
garantes".
Sin embargo el Protocolo de Río
era visto para la población del Ecuador
como el producto de una guerra con un final indigno
para su país y para sus fuerzas armadas,
y las únicas maneras de borrar esa "deshonra"
del imaginario ecuatoriano era o la firma de otro
tratado u otra guerra en la que resultaran ganadores.
Para el Perú, los garantes
y la comunidad internacional era perfectamente
legal (internacionalmente) mantener una posición
garantista del Protocolo de Río, y mantenerse
apegado al tratado. Sin embargo eran previsibles
conflictos periódicos a raíz de
la negativa ecuatoriana a demarcar la frontera
faltante y la utilización política
del antiperuanismo; que se convirtió en
el polo de atracción capaz de unir a los
ecuatorianos en una causa común.
En este marco el Ecuador efectuaba
propuestas que eran inadmisibles para la posición
peruana por sobrepasar el marco formal del Protocolo
(no así el fondo), y el Perú hacía
gestos y propuestas de amistad formal (sin proyectos
o políticas sostenidas) que no eran de
interés del Ecuador.
Al finalizar la guerra de 1995
(escaramuza, conflicto localizado, etc.) existía
una ventaja en el teatro de operaciones a favor
del Ecuador que permitía un fácil
aprovisionamiento; sin embargo desde el punto
de vista diplomático, en el Acuerdo de
Brasilia la posición peruana prevalece
al reconocerse la línea demarcada por Protocolo
de Rió y con concesiones mínimas
hacia el Ecuador.
En conclusión fue una guerra
de reivindicación, militarme era conocido
que Ecuador no podría invadir y afrontar
el control, ocupación y reconstrucción
de territorio, y que su ventaja era el acceso
al teatro de operaciones; pero también
se sabía de la mayor capacidad económica
peruana (prueba de ello son las compras militares
2 meses después de cese al fuego) todo
esto hacia que la ventaja logística ecuatoriana
fuese momentánea y localizada. Sin embargo,
hacia el interior, la posición de triunfadora
del Ecuador en el campo de batalla dio lugar a
la recuperación de la credibilidad de sus
Fuerzas Armadas y permitió que se diera
un final definitivo a la historia del diferendo
limítrofe de cara a la población
ecuatoriana.
Fue una guerra que se podía
evitar desde el lado de la orientación
política bilateral peruana, mediante la
flexibilización de la posición de
negociación, centrando los objetivos en
el resguardo de la frontera y no del Protocolo
y realizando una política sostenida de
acercamiento a la población ecuatoriana.
CHILE:
Es una situación similar, aunque en este
caso el Perú se encuentra en el lado opuesto:
se perdió la guerra del Pacifico y que
el derecho internacional haya dejado claro el
tema territorial continental (pendiente todavía
el tema marítimo) no genera una buena relación
con la población, y de ello se aprovechan
políticos oportunistas cada cierto tiempo
para despertar sentimientos antichilenos.
Para complicar el contexto en las relaciones
peruano-chilenas se manejan dos agendas en paralelo:
La de integración económica:
Para el Perú es favorable la negociación
de un Tratado de Libre Comercio con Chile (ya
que la balanza comercial lo favorece) y Chile
desea proteger sus inversiones.
- La de la delimitación territorial marítima:
Punto de la agenda peruana que Chile prefiere
no negociar ya que el tiempo ayuda a consolidar
su posición.
Creemos existen varios temas de
agenda aun no percibidos en su real importancia
(como la importante migración peruana en
Chile) sin embargo el que nos traemos a colación
es el antichilenismo que es usado y reavivado
de manera oportunista por diversos políticos
y algunos sectores de la prensa peruana. Creemos
nefasto permitir que se incuben resentimientos,
por el contrario, es necesario un acercamiento
chileno a la población peruana que impediría
que el complejo escenario de las relaciones peruano-chilenas
se deteriorara.
En este sentido actos simples como
devolución de trofeos de guerra (por ejemplo,
los libros de la Biblioteca Nacional), apoyo sostenido
en el escenario internacional y políticas
integracionistas más allá de acuerdos
comerciales garantizarían la agenda de
la integración económica, conveniente
para ambos países, más allá
del resultado de agenda de delimitación
territorial marítima y el incidente Fujimori.
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