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Sábado, 1 de julio de 2006

PARALELOS EN LAS RELACIONES BILATERALES DE LOS PAÍSES ANDINOS

Por: Nicolai Wilhelmi
Investigador del Área de Democracia de la Comisión Andina de Juristas.

En el contexto del inicio de un nuevo capítulo en las relaciones internacionales del Perú debido al cambio de mando presidencial el próximo mes de julio y a la ya anunciada intención de reorganizar Torre Tagle por parte del partido aprista me detengo a hacer unas reflexiones de las relaciones Perú-Ecuador y Chile-Perú.

En ambos casos existió una guerra que generó un resentimiento en la nación vencida, sin embargo la evolución tuvo un quiebre en el caso peruano-ecuatoriano a partir de 1995. El resentimiento y animadversión hacia el Perú ha disminuido en el vecino del norte.

A pesar de la declaración de nulidad del gobierno del Dr. Velasco Ibarra (1960); ningún gobierno ecuatoriano denunció el Protocolo de Río de Janeiro ni ante el Perú ni ante ningún organismo internacional. No se puso en tela de duda la legitimidad de los hitos ya colocados, ni se desconoció la calidad de garantes de los Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile, aunque eufemísticamente se los pasó a denominar "países amigos" en vez de "países garantes".

Sin embargo el Protocolo de Río era visto para la población del Ecuador como el producto de una guerra con un final indigno para su país y para sus fuerzas armadas, y las únicas maneras de borrar esa "deshonra" del imaginario ecuatoriano era o la firma de otro tratado u otra guerra en la que resultaran ganadores.

Para el Perú, los garantes y la comunidad internacional era perfectamente legal (internacionalmente) mantener una posición garantista del Protocolo de Río, y mantenerse apegado al tratado. Sin embargo eran previsibles conflictos periódicos a raíz de la negativa ecuatoriana a demarcar la frontera faltante y la utilización política del antiperuanismo; que se convirtió en el polo de atracción capaz de unir a los ecuatorianos en una causa común.

En este marco el Ecuador efectuaba propuestas que eran inadmisibles para la posición peruana por sobrepasar el marco formal del Protocolo (no así el fondo), y el Perú hacía gestos y propuestas de amistad formal (sin proyectos o políticas sostenidas) que no eran de interés del Ecuador.

Al finalizar la guerra de 1995 (escaramuza, conflicto localizado, etc.) existía una ventaja en el teatro de operaciones a favor del Ecuador que permitía un fácil aprovisionamiento; sin embargo desde el punto de vista diplomático, en el Acuerdo de Brasilia la posición peruana prevalece al reconocerse la línea demarcada por Protocolo de Rió y con concesiones mínimas hacia el Ecuador.

En conclusión fue una guerra de reivindicación, militarme era conocido que Ecuador no podría invadir y afrontar el control, ocupación y reconstrucción de territorio, y que su ventaja era el acceso al teatro de operaciones; pero también se sabía de la mayor capacidad económica peruana (prueba de ello son las compras militares 2 meses después de cese al fuego) todo esto hacia que la ventaja logística ecuatoriana fuese momentánea y localizada. Sin embargo, hacia el interior, la posición de triunfadora del Ecuador en el campo de batalla dio lugar a la recuperación de la credibilidad de sus Fuerzas Armadas y permitió que se diera un final definitivo a la historia del diferendo limítrofe de cara a la población ecuatoriana.

Fue una guerra que se podía evitar desde el lado de la orientación política bilateral peruana, mediante la flexibilización de la posición de negociación, centrando los objetivos en el resguardo de la frontera y no del Protocolo y realizando una política sostenida de acercamiento a la población ecuatoriana.

CHILE:
Es una situación similar, aunque en este caso el Perú se encuentra en el lado opuesto: se perdió la guerra del Pacifico y que el derecho internacional haya dejado claro el tema territorial continental (pendiente todavía el tema marítimo) no genera una buena relación con la población, y de ello se aprovechan políticos oportunistas cada cierto tiempo para despertar sentimientos antichilenos.

Para complicar el contexto en las relaciones peruano-chilenas se manejan dos agendas en paralelo:

  1. La de integración económica: Para el Perú es favorable la negociación de un Tratado de Libre Comercio con Chile (ya que la balanza comercial lo favorece) y Chile desea proteger sus inversiones.

  2. La de la delimitación territorial marítima: Punto de la agenda peruana que Chile prefiere no negociar ya que el tiempo ayuda a consolidar su posición.

Creemos existen varios temas de agenda aun no percibidos en su real importancia (como la importante migración peruana en Chile) sin embargo el que nos traemos a colación es el antichilenismo que es usado y reavivado de manera oportunista por diversos políticos y algunos sectores de la prensa peruana. Creemos nefasto permitir que se incuben resentimientos, por el contrario, es necesario un acercamiento chileno a la población peruana que impediría que el complejo escenario de las relaciones peruano-chilenas se deteriorara.

En este sentido actos simples como devolución de trofeos de guerra (por ejemplo, los libros de la Biblioteca Nacional), apoyo sostenido en el escenario internacional y políticas integracionistas más allá de acuerdos comerciales garantizarían la agenda de la integración económica, conveniente para ambos países, más allá del resultado de agenda de delimitación territorial marítima y el incidente Fujimori.

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