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EL EJE GANADOR
Por: Raúl Mendoza Cánepa
De haber ganado Humala, el Perú
se alistaría para integrarse al risible
ALBA (Alianza entre Fidel, Chávez y Evo),
bajo la égida de la petroeconomía
venezolana. Felizmente la Historia es otra y el
electo García mira hacia ejes promisorios:
Estados Unidos, Brasil, acaso Chile que ya nos
tienta con una alianza económica.
El TLC con los Estados Unidos,
tema tan ideologizado por la izquierda maniquea
ofrece muchísimas ventajas. El primer beneficio
será el incremento del flujo comercial,
lo cual nos introducirá en un mercado de
más de 280 millones de consumidores cuyo
ingreso individual es de US $ 2,900 mensuales.
Es fácil prever el impacto en materia de
creación de empleos, nuevos ingresos y
recaudación, es decir en aminoración
de la pobreza. México triplicó sus
exportaciones a los Estados Unidos después
de suscribir el TLC. Chile la incrementó
en 30% Pero Nancy Obregón
y Elsa Malpartida
no tienen idea de lo que es el TLC. En su raleada
y brutal protesta no hubo siquiera uno que tuviera
alguna noción de aquello a lo que se oponía.
¡Qué importa! De lo que se trata
es de petardear todo lo que huele a Mc Donald's.
Si los revoltosos desinformados
no lo saben, el mundo tiende hacia grandes bloques
comerciales. La roja China y los países
del sudeste asiático firmarán un
acuerdo de libre comercio en el 2007; la Unión
Europea avanza en su integración comercial
y se va consolidando el eje Canadá, Estados
Unidos y México. Los únicos bloques
que merecen atención son estos además
del bioceánico con Brasil (180 millones
de habitantes y una integración vial en
camino) Difícil competir aislados, con
un mercado tan limitado y frente a monstruos como
Chile o México (ambos con acceso preferencial
al mercado norteamericano) El libre comercio,
dinamiza el mercado, genera empleo e incide en
los ingresos familiares. Inútil decirlo,
la izquierda es parasitaria de la pobreza. La
nutre.
Ojalá gestáramos
no sólo uno sino varios TLC. Pero podríamos
apostar por una partida que no podamos jugar si
es que no se reforma el Estado para aligerar las
cargas empresariales, destrabar procesos y crear
un marco institucional propicio a la inversión.
(¡Cuidado!, nada tan suicida como volver
a la Constitución del 79 y al estatismo
regulador de los 70). Sin reforma estatal el TLC
sólo será el lastre que la izquierda
quisiera que sea.
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