|
ADIÓS VIEJO AMIGO
Por : Ramón Requena Guerrero.
Lo que es la vida, siempre tan
intrigante y contradictoria. César
Rojas Ayesta, debe estar renegando
arriba, pues estoy seguro que jamás hubiera
pensado irse sin despedirse de sus amigos y su
familia. Enfrentó tanto peligros durante
la guerra contra Sendero, fue siempre tan arriesgado,
tan polémico, tan peculiar, tan trujillano,
que no lo imagino tranquilo arriba, sino mas bien
armando alguna acalorada protesta porque no le
avisaron que ya era hora que dejara el mundo de
los vivos. Era siempre ese tipo de reporteros,
de viejo cuño, que, antes de tomar asiento,
hurgaba con detenimiento y ánimo fiscalizador
el ambiente y los personajes que asistían
a la conferencia de prensa.
Era ese tipo de reporteros que
los políticos y entrevistados temían,
no era muy diplomático, mas bien agudo
y despiadado si descubría alguna incongruencia
que lo llevara a sospechar de alguna corrupción
o violación de derechos contra los menos
favorecidos. Era un hombre imperturbable, con
carácter de metal y rostro de carcelero,
hablaba poco con los extraños, menos con
los de Lima. Así lo conocí, una
mañana trujillana, con un sol tímido
mientras esperábamos que el ómnibus
que nos llevaría al Proyecto Chavimochic,
partiera con los hombres y mujeres de prensa de
Lima y Trujillo invitados especialmente para la
ocasión.
Los jefes de Panamericana TV en
Lima, habían cometido la torpeza de enviarme
como reportero, sabiendo que teníamos corresponsal
allí. Ese era, por supuesto, César
Rojas Ayesta, y apenas descubrí su
gruesa figura adornada de un traje azul marino,
supe que estaba invadiendo su territorio y así
me lo hizo saber. Fue implacable, frío
y calculador. "Un jovencito limeño,
fachoso y con cara de universitario venir a decirme
cómo debo hacer mi trabajo ... se va a
la mi....". Eso debió pensar mi
viejo amigo y sin decírmelo, me estaba
mandando a donde no lo estorbara.
Felizmente yo ya venía recorrido
y pude comprender inmediatamente que si no reaccionaba,
ese dragón me quemaría vivo allí
mismo, en la misma plaza de Armas frente a la
oficina de Relaciones Públicas de la Municipalidad
y no dejaría ni mis cenizas. Había
que tomar una decisión veloz, tampoco estaba
dispuesto a perder frente a esa mole repleta de
experiencia, sin embargo, en medio de toda esa
batalla de frialdad, era fácil distinguir
que de aquel periodista emanaba un aura de sabiduría
que generaba respeto, pulcritud y elegancia, que
era lo que mas lo distinguía.
"Maestro, aquí uno
de los dos sobra. Somos dos de Panamericana y
yo estoy invadiendo su territorio, así
que la rejimos para ver quién trabaja,
¿qué dice?" Me miró
de reojo sin darme importancia, volteó
la cara como si fuera poca cosa para él,
y sentenció con voz autoritaria, profunda
y clara para que no existan dudas: "En
mi tierra trabajo yo". Luego del almuerzo,
brindando con Pilsen Trujillo heladitas, reíamos
a carcajadas recordando la anécdota de
la mañana, me abrazaba con esa fuerza de
oso y rajábamos de esos infieles jefes
limeños que no saben lo qué es trabajar
en provincias, pobres ilusos.
Hoy mi viejo amigo nos ha dejado
y yo me quedaré con sus gloriosos recuerdos,
con mis lágrimas en su nombre, pero valgan
verdades ... no estoy satisfecho César,
debiste despedirte carajo. Saluddddddddddddddd.
|
¡NOS
INTERESA SU OPINIÓN!
En
Peruprensa valoramos la opinión de
nuestros lectores, por tanto si usted tienen
una inquietud, pregunta, comentario, sugerencia
o crítica sobre esta noticia, puede
enviarnosla llenando el formulario siguiente.
|
|
Ir
a la página principal 
|