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LECCIONES Y ELECCIONES
Por: Mercedes Cabanillas (*)
Nuestro pueblo dijo su palabra.
Asistió masivamente el domingo a cumplir
con su deber lo cual es, en principio, destacable.
Ese día nos dejó un mensaje bastante
claro. Que todos los grupos políticos concertemos,
que dialoguemos y nos pongamos de acuerdo pensando
en el país.
El mandato popular no es, sin embargo,
ambiguo. Tiene, por el contrario, un contenido
sumamente transparente. Nos ha dicho que busquemos
consensos para el cambio, que concertemos para
buscar cómo transformamos el país.
El pueblo ha votado, mayoritariamente, por una
opción distinta al modelo actual. Ha dicho
que el cambio no debe esperar más. La transformación
es un imperativo. Por eso se ha pronunciado pensando
en la reivindicación de los más
pobres, de los parias históricos.
Nuestro deber es, entonces, sintonizar
con ese clamor popular. Los dirigentes políticos
tenemos la obligación de escucharlos. Esa
es la primera condición en una democracia.
Y es también aquello que la legitima.
En lo que respecta al APRA, el
líder de nuestro partido ha sabido escuchar
perfectamente las demandas populares que más
o menos han sido las mismas a lo largo y ancho
del territorio nacional. De ahí que su
mensaje haya tenido un fuerte componente de reivindicación
popular. El nuestro, sin embargo, no es un discurso
de grita callejera, ni estridente, ni de amenazas,
ni de rabia contenida. Es el reclamo sereno, pero
firme; reflexivo y realista, para conseguir que
el peruano viva con dignidad.
Alan García
ha explicado por donde ha ido que los trabajadores
tienen derechos que deben ser respetados, que
los peruanos que habitan en los pueblos más
alejados del país tienen derecho a ser
escuchados y a ser protagonistas de su propio
destino. Ha señalado que los peruanos,
en suma, tenemos derecho a mejores condiciones
de vida y a que el Estado no abandone en sus necesidades
básicas a los más indefensos y menos
los excluya. Por ello, el líder aprista
se ha comprometido a gobernar para todos, empezando
por los más necesitados. ¿Qué
ha prometido? Acciones concretas, realistas,
alimentadas con las expectativas que fue recogiendo
en los diversos foros y encuentros que él
tuvo con las distintas organizaciones del pueblo,
durante muchos meses de trabajo participativo.
Es bueno recordar que Alan se comprometió
lograr que para el 2011, el nuestro será
un país líder en la región,
con una democracia consolidada y una estructura
descentralizada integrada por regiones que la
crucen transversalmente. Y lo hará si es
elegido por la voluntad del pueblo, como esperamos
que lo sea.
POBREZA
La pobreza es un drama que tiene
muchas dimensiones. Para efectos prácticos
diremos que es la incapacidad de una familia de
cubrir con su gasto familiar una canasta básica
de subsistencia. Más de la mitad de nuestra
población se halla en esta situación.
Además existe otro sector que ni siquiera
alcanza estos niveles y se halla comprendido en
la llamada extrema pobreza. Son estos sectores
los que nos han dado la voz de alerta en la reciente
justa democrática. Nos han advertido que
esta situación no tiene por qué
perpetuarse, porque ya no aguanta más y
el sistema está a punto de colapsar. En
consecuencia, no podemos seguir actuando de espaldas
a esta realidad.
El modelo neoliberal vigente ha
fracasado. Tenemos que admitirlo. Y con él,
quienes lo han pontificado y aún suelen
hacerlo. La desesperanza de nuestro pueblo no
acepta límites. El voto popular, por eso,
ha sido claro: más del 70% rechazó
a quien sigue representando esa opción
económica y optó por quienes han
advertido que el modelo ya está agotado
y proponen, en consecuencia, nuevas vías,
en las que se privilegien políticas sociales
claras y de inobjetable defensa de los derechos
ciudadanos.
Estos derechos no sólo tienen
que ver con una real y justa distribución
de la riqueza, o con la reivindicación
del sentimiento nacional. Tienen que ver también
con la nueva educación y la promoción
de una verdadera cultura popular, en la que el
ser humano sea el eje principal de desarrollo.
En este terreno, sin embargo, hay
diferencias muy claras. Hay quienes sostienen
que es necesario destruir el sistema para construir
uno nuevo, porque la vieja clase política
ha fracasado. Entonces proponen "refundar"
una nueva República, que, en realidad,
es sólo un enunciado que carece de contenido.
Y eso es lo peligroso. No sabemos a dónde
nos conducirían. Entonces decimos que escoger
esta opción sería optar por el salto
al vacío.
Alan García tiene una alternativa
diferente, pero siempre de la mano con el pueblo.
Él no representa a las trasnacionales,
a los poderosos grupos que manejan la economía
del país, ni el APRA es el partido de los
millonarios, como históricamente nunca
lo fue. Somos parte del pueblo, del mismo sector
que reclama sus derechos conculcados, de los maestros,
de los trabajadores, de los campesinos, de los
jóvenes, quienes tienen mucho que reclamar.
En esa perspectiva sabemos que
en una economía de mercado, el Estado tiene
un rol muy importante que cumplir en la lucha
contra la pobreza. Ahora el Estado está
ausente para amplios sectores de nuestra población.
A diferencia de los liberales a ultranza, nosotros
creemos en un Estado moderno, fuerte, promotor
y dinámico.
No proclamamos el viejo modelo
del Estado intervencionista, protector y burocrático.
Nada de eso. Exigimos su presencia como ente regulador
y promotor, dinamizador y generador de valores,
empezando por el de justicia, dignidad e identidad.
No creemos que se deba excluir a nadie en razón
de sus ideas. Se trata, eso sí, de combatir
la pobreza desde una perspectiva liberadora y
transformadora. No olvidemos que la pobreza es
un círculo vicioso que, además de
tener efectos graves sobre la calidad y niveles
de vida de los peruanos pobres, siempre afecta
las posibilidades de crecimiento económico
y estabilidad social y política.
Permítanme agradecer al
pueblo aprista y no aprista que con su voto de
respaldo ha querido que yo continúe trabajando
por todos.
(*) Congresista de la República
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