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Domingo, 16 de abril de 2006

LECCIONES Y ELECCIONES

Por: Mercedes Cabanillas (*)

Nuestro pueblo dijo su palabra. Asistió masivamente el domingo a cumplir con su deber lo cual es, en principio, destacable. Ese día nos dejó un mensaje bastante claro. Que todos los grupos políticos concertemos, que dialoguemos y nos pongamos de acuerdo pensando en el país.

El mandato popular no es, sin embargo, ambiguo. Tiene, por el contrario, un contenido sumamente transparente. Nos ha dicho que busquemos consensos para el cambio, que concertemos para buscar cómo transformamos el país. El pueblo ha votado, mayoritariamente, por una opción distinta al modelo actual. Ha dicho que el cambio no debe esperar más. La transformación es un imperativo. Por eso se ha pronunciado pensando en la reivindicación de los más pobres, de los parias históricos.

Nuestro deber es, entonces, sintonizar con ese clamor popular. Los dirigentes políticos tenemos la obligación de escucharlos. Esa es la primera condición en una democracia. Y es también aquello que la legitima.

En lo que respecta al APRA, el líder de nuestro partido ha sabido escuchar perfectamente las demandas populares que más o menos han sido las mismas a lo largo y ancho del territorio nacional. De ahí que su mensaje haya tenido un fuerte componente de reivindicación popular. El nuestro, sin embargo, no es un discurso de grita callejera, ni estridente, ni de amenazas, ni de rabia contenida. Es el reclamo sereno, pero firme; reflexivo y realista, para conseguir que el peruano viva con dignidad.

Alan García ha explicado por donde ha ido que los trabajadores tienen derechos que deben ser respetados, que los peruanos que habitan en los pueblos más alejados del país tienen derecho a ser escuchados y a ser protagonistas de su propio destino. Ha señalado que los peruanos, en suma, tenemos derecho a mejores condiciones de vida y a que el Estado no abandone en sus necesidades básicas a los más indefensos y menos los excluya. Por ello, el líder aprista se ha comprometido a gobernar para todos, empezando por los más necesitados. ¿Qué ha prometido? Acciones concretas, realistas, alimentadas con las expectativas que fue recogiendo en los diversos foros y encuentros que él tuvo con las distintas organizaciones del pueblo, durante muchos meses de trabajo participativo.

Es bueno recordar que Alan se comprometió lograr que para el 2011, el nuestro será un país líder en la región, con una democracia consolidada y una estructura descentralizada integrada por regiones que la crucen transversalmente. Y lo hará si es elegido por la voluntad del pueblo, como esperamos que lo sea.

POBREZA

La pobreza es un drama que tiene muchas dimensiones. Para efectos prácticos diremos que es la incapacidad de una familia de cubrir con su gasto familiar una canasta básica de subsistencia. Más de la mitad de nuestra población se halla en esta situación. Además existe otro sector que ni siquiera alcanza estos niveles y se halla comprendido en la llamada extrema pobreza. Son estos sectores los que nos han dado la voz de alerta en la reciente justa democrática. Nos han advertido que esta situación no tiene por qué perpetuarse, porque ya no aguanta más y el sistema está a punto de colapsar. En consecuencia, no podemos seguir actuando de espaldas a esta realidad.

El modelo neoliberal vigente ha fracasado. Tenemos que admitirlo. Y con él, quienes lo han pontificado y aún suelen hacerlo. La desesperanza de nuestro pueblo no acepta límites. El voto popular, por eso, ha sido claro: más del 70% rechazó a quien sigue representando esa opción económica y optó por quienes han advertido que el modelo ya está agotado y proponen, en consecuencia, nuevas vías, en las que se privilegien políticas sociales claras y de inobjetable defensa de los derechos ciudadanos.

Estos derechos no sólo tienen que ver con una real y justa distribución de la riqueza, o con la reivindicación del sentimiento nacional. Tienen que ver también con la nueva educación y la promoción de una verdadera cultura popular, en la que el ser humano sea el eje principal de desarrollo.

En este terreno, sin embargo, hay diferencias muy claras. Hay quienes sostienen que es necesario destruir el sistema para construir uno nuevo, porque la vieja clase política ha fracasado. Entonces proponen "refundar" una nueva República, que, en realidad, es sólo un enunciado que carece de contenido. Y eso es lo peligroso. No sabemos a dónde nos conducirían. Entonces decimos que escoger esta opción sería optar por el salto al vacío.

Alan García tiene una alternativa diferente, pero siempre de la mano con el pueblo. Él no representa a las trasnacionales, a los poderosos grupos que manejan la economía del país, ni el APRA es el partido de los millonarios, como históricamente nunca lo fue. Somos parte del pueblo, del mismo sector que reclama sus derechos conculcados, de los maestros, de los trabajadores, de los campesinos, de los jóvenes, quienes tienen mucho que reclamar.

En esa perspectiva sabemos que en una economía de mercado, el Estado tiene un rol muy importante que cumplir en la lucha contra la pobreza. Ahora el Estado está ausente para amplios sectores de nuestra población. A diferencia de los liberales a ultranza, nosotros creemos en un Estado moderno, fuerte, promotor y dinámico.

No proclamamos el viejo modelo del Estado intervencionista, protector y burocrático. Nada de eso. Exigimos su presencia como ente regulador y promotor, dinamizador y generador de valores, empezando por el de justicia, dignidad e identidad. No creemos que se deba excluir a nadie en razón de sus ideas. Se trata, eso sí, de combatir la pobreza desde una perspectiva liberadora y transformadora. No olvidemos que la pobreza es un círculo vicioso que, además de tener efectos graves sobre la calidad y niveles de vida de los peruanos pobres, siempre afecta las posibilidades de crecimiento económico y estabilidad social y política.

Permítanme agradecer al pueblo aprista y no aprista que con su voto de respaldo ha querido que yo continúe trabajando por todos.

(*) Congresista de la República

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