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UNA MIRADA AL DISCURSO DE APERTURA DEL AÑO
JUDICIAL 2006
Por: Eddie
Cóndor Chuquiruna
Investigador de las Areas de Derechos Humanos
y Modernización de los Estados de la Comisión
Andina de Juristas (*)
Lo manifestado por el Presidente
del Poder Judicial (PJ), Dr. Walter
Vásquez Vejarano, en el discurso
de apertura del año judicial 2006, debe
ser analizado pensando en el futuro de la judicatura.
El clima electoral, en ciernes, resulta propicio
para que los candidatos presidenciales y al Congreso
entiendan la necesidad de impulsar la construcción
de un sistema de justicia eficiente, independiente
y oportuno en la perspectiva de lograr un país
con democracia.
El discurso se caracterizó
por ser descriptivo de las acciones que llevó
a cabo el PJ en sus diferentes ámbitos
durante el año 2005. Fue abordado el tema
de la lucha contra la corrupción, apoyada
con la creación de nuevas unidades judiciales.
Refirió también la producción
de "resoluciones" del órgano
de control disciplinario de los jueces, servidores
jurisdiccionales y administrativos, Oficina
de Control de la Magistratura (OCMA). Trató
igualmente la creación de los juzgados
en las sub-especialidades de derecho constitucional
y derecho comercial. También fueron mostrados
como logros de la actual gestión la innovación
y mejora de los mecanismos de comunicación
con la comunidad (implementación de medios
electrónicos e informáticos, entre
otros), el fortalecimiento de la justicia juvenil
y la descentralización de las actividades
de capacitación de la Academia de la Magistratura.
Otros temas abordados han generado
expectativa por sus alcances a favor del fortalecimiento
del PJ.
En primer lugar, nos parece positivo
el incremento del 22.77 por ciento del presupuesto
institucional del PJ que este año asciende
a 787 millones de Nuevos Soles, 146 millones más
que en el 2005 -Desde el año 2001 al 2006
el presupuesto del Poder Judicial, se ha incrementado
en un 77 por ciento-. Sin embargo, resulta cuestionable
que la clase política no haya mostrado
oportunamente voluntad para atender las demandas
del PJ. Ello ha motivado que se perciba al incremento
del presupuesto como una reivindicación
de la judicatura frente a los otros poderes del
Estado, cuando justamente lo que hace falta es
armonizar compromisos a favor de la institucionalidad,
los cambios y las reformas que este Poder necesita
desde siempre. La experiencia de reforma judicial
en Chile, da luces de cuando una verdadera política
de estado orientada a una reforma judicial trasunta
gobiernos.
En segundo lugar, saludamos las
iniciativas a favor de la Justicia de Paz, que
ya viene siendo implementada en las ciudades,
debido a su eficacia y reconocimiento social en
ámbitos rurales. Ojalá que la Oficina
Nacional de Apoyo, recientemente creada, sea realmente
una orientadora de las políticas institucionales
en la materia y no un ente burocrático
más. Llamó la atención que
el mensaje haya obviado dar un balance acerca
del proceso de la elección popular de los
más de 7000 Jueces de Paz, su capacitación
y sugerir medidas destinadas a atender su remuneración
y logística.
En tercer lugar, el discurso destaca
el significativo apoyo que viene recibiendo el
sistema de justicia peruano por parte de la cooperación
internacional a través del "Proyecto
de Reforma del Sistema de Justicia en el Perú",
financiado por la Unión Europea, con una
inversión de 12 millones de euros y el
"Proyecto de Mejoramiento de los Servicios
de Justicia", financiado por el Banco
Mundial, con una inversión de 15 millones
de dólares. Sin embargo, es lamentable
que en éste, al igual que en el discurso
de apertura del año judicial pasado, a
los esfuerzos del Acuerdo Nacional por la Justicia
y a las propuestas de la Comisión Especial
para la Reforma Integral de la Administración
de Justicia (CERIAJUS), excepto la relativa
al incremento del presupuesto, no se les haya
dado la importancia que corresponde, pese a que
los componentes de ambos proyectos están
centralmente dirigidos a implementar dichas propuestas.
El país ya no está para más
contramarchas y sería saludable para el
PJ reconocer las cosas que están bien logradas.
En cuarto lugar, aunque sea innecesario,
es positivo que la apertura del año judicial,
haya servido para recordar a los candidatos que
el tema de la crisis judicial debe ser parte de
la agenda electoral. El ofrecimiento del Dr. Vásquez
Vejarano, de prestar apoyo a los candidatos para
un examen profundo de la realidad judicial, resultó
una medida audaz y necesaria. Consideramos que
asumir compromisos en el ámbito judicial
de cara a un eventual gobierno perfilaría
mejor a cualquier candidato.
Existen temas de especial importancia,
como la reducción de la actual Corte Suprema
de Justicia de 30 a 11 miembros y la implementación
de un sistema de lucha contra la corrupción
con un control externo a cargo del Consejo Nacional
de la Magistratura y la sociedad civil, entre
otros; que deberían estar presentes en
el debate de la realidad judicial a nivel político,
académico y de la judicatura. Si bien es
cierto, las más importantes reformas del
sistema de justicia están ligadas a la
reforma constitucional, llama la atención
la falta de voluntad del Congreso por aprobar
36 de las 52 propuestas de ley pendientes que
recomendó la CERIAJUS.
Si partimos de la premisa que el
discurso analizado marca la agenda de lo que se
hará el presente año a nivel judicial,
no vemos con optimismo su futuro inmediato. El
incremento del presupuesto, la construcción
de nueva infraestructura y la mejor producción
jurisdiccional o de "resoluciones"
en la OCMA, entre otros aspectos, son datos efectistas
que dicen poco de las acciones emprendidas para
reformar el sistema de justicia. No es responsable
que los políticos y la jerarquía
de la judicatura guarden silencio, sobre temas
tan importantes como -por citar uno- la implementación
del nuevo Código Procesal Penal. Resulta
inconsistente seguir argumentando que por falta
de recursos económicos no se generan cambios
sustantivos en el PJ, cuando lo que falta es liderazgo,
alguien que se gane el pleito, que use mejor los
recursos, racionalice lo que se tiene y renuncie
a privilegios innecesarios propios de las cortes
medievales. Tampoco se puede seguir negando -en
la práctica- la necesidad de transparencia
e implementación de mecanismos de control,
seguimiento y evaluación de la actuación
jurisdiccional de los jueces desde la ciudadanía.
La experiencia comparada ha demostrado que una
apertura en este campo redundará definitivamente
en el incremento de la confianza ciudadana en
el PJ.
Si año tras año vamos
asistir a discursos de apertura del año
judicial repetitivos, de tono acrítico
y de mero formalismo, reflejando la voz menor
que sigue asumiendo el propio PJ de cara a la
ciudadanía y al Estado, jamás tendremos
los cambios que urgen en el sistema de justicia.
Nunca es tarde para recuperar el tiempo perdido...
(*)Las opiniones contenidas
en este artículo son de responsabilidad
exclusiva del autor y no reflejan necesariamente
opiniones institucionales de la Comisión
Andina de Juristas (CAJ)
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