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ESTADO
Y POBREZA
Por: Raúl Mendoza Cánepa
La adopción de políticas
"neoliberales" en los ochenta no
se acompañó de reformas institucionales,
las cuales hubieran incidido en una mejor redistribución
del ingreso. El modelo se impuso sobre una estructura
institucional erigida sobre patrones culturales
antiliberales. El clientelismo, el patrimonialismo,
el jerarquismo burocrático, el corporativismo
y la rígida lógica administrativa
(herencias de la colonia) fueron los factores
que impidieron que la riqueza fluyera desde arriba
hacia abajo. De algún modo, la concepción
del poder se forjó siempre a partir de
relaciones clientelistas. De esta manera, todo
beneficio se conseguía previo trámite
ante el Estado, sino mediando a través
de gremios poderosos o a través de vínculos
privilegiados con los gobiernos. Algunos sectores
empresariales siguen esa ruta pautada desde los
albores de la vida estatal en la colonia. Se cobijan
en la sombra de cualquier gobierno, pueden ser
alanistas, fujimoristas toledistas, según
convenga. No son malas prácticas, es la
lógica del marco institucional. Añadamos
al cóctel, el viejo corporativismo, esto
es la existencia y predominio de castas económicas
y políticas que medran del poder.
La forma como está concebido
el Estado peruano dificulta que, aún en
períodos de crecimiento, muchos "ciudadanos"
tengan acceso a servicios elementales. El modelo
institucional impide que millones de habitantes
inviertan, accedan a la propiedad y al crédito
o tengan agua, electricidad, una buena educación
o seguridad mínima. El Estado en el Perú
es patrimonio, no es Estado.
En Noruega el Estado dispone de
8% de su PBI en materia de salud. Estados Unidos
dispone del 6.5%. Nos estamos refiriendo, por
supuesto, a porcentajes de los presupuestos en
dólares y, por tanto, de montos descomunalmente
mayores a los promedios de América Latina
y esos porcentajes tienen un impacto real en la
vida social. En nuestros países, el gasto
estatal en salud es menor porque así lo
establece la estructura presupuestal y porque
los recursos son escasos. El Estado está
impedido de elevar la presión tributaria,
ya que en sociedades descapitalizadas, una mayor
presión significaría menor inversión
y, desde luego, mayor desempleo. En Chile, el
país con mejores indicadores en la región
andina, el Estado dispone 2.6% de su presupuesto
en salud. En Bolivia, sin embargo, que es el país
con mayor pobreza en la región, se dispone
del 4.2% ¿Qué explica entonces
que este país se ubique entre los últimos
países latinoamericanos en materia de salud?
¿Se destinan adecuadamente los recursos
a través del Estado? Aparentemente
el problema de la exclusión social tiene
relación con la ineficiencia con la que
el Estado maneja sus fondos.
El Estado contribuye a crear obstáculos
que resisten el desarrollo y la transferencia
de recursos de manera descendente. La inefectividad
coadyuva a que el Estado sea un gran concentrador
y un mal administrador de lo que recauda. Por
ejemplo, en el Perú algunas regiones cuentan
con grandes recursos por concepto de canon y otros
ingresos. Pero, en 20 regiones hay 18 millones
de pobres y dado que diversas regiones reciben
millones de soles por canon y regalías
subiste la pobreza extrema ¿Por qué
pese a los 470 millones de soles que ingresan
por estos conceptos a Cajamarca, ésta región
ha pasado en el 2006 a ser una de las regiones
con mayor incidencia de pobres? Lo que más
ilustra la incapacidad del Estado para movilizar
sus propios ingresos es que en las inmediaciones
del yacimiento minero de Yanacocha existen once
distritos en donde la desnutrición alcanza
niveles alarmantes (entre el 50 y 75% de los habitantes
según distrito). Los recursos no fluyen,
son mal administrados y se atoran en las oficinas
de las burocracias regionales. Las inversiones
públicas se congelan por efecto del SNIP
y la conflictividad social (de por sí alta)
madura hasta la violencia.
Bajo el paralizante marco institucional
vigente, el Estado opera en muchos casos como
un dique de contención de los flujos que
las empresas privadas inyectan en el organismo
estatal. Sin un "Estado en forma",
integrado, racional y eficiente no es posible
vislumbrar mejores rumbos. El camino al desarrollo
(esto es bienestar que acompaña al crecimiento)
pasa por resolver de una vez por siempre una vieja
pregunta ¿Qué es el Estado en
el Perú? Y desde allí avanzar
a una reforma que desentrampe los procesos económicos
y que enriquezca la sinuosa y conflictiva relación
entre el Estado y los ciudadanos.
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