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Jueves, 21 de diciembre de 2006

ESTADO Y POBREZA

Por: Raúl Mendoza Cánepa

La adopción de políticas "neoliberales" en los ochenta no se acompañó de reformas institucionales, las cuales hubieran incidido en una mejor redistribución del ingreso. El modelo se impuso sobre una estructura institucional erigida sobre patrones culturales antiliberales. El clientelismo, el patrimonialismo, el jerarquismo burocrático, el corporativismo y la rígida lógica administrativa (herencias de la colonia) fueron los factores que impidieron que la riqueza fluyera desde arriba hacia abajo. De algún modo, la concepción del poder se forjó siempre a partir de relaciones clientelistas. De esta manera, todo beneficio se conseguía previo trámite ante el Estado, sino mediando a través de gremios poderosos o a través de vínculos privilegiados con los gobiernos. Algunos sectores empresariales siguen esa ruta pautada desde los albores de la vida estatal en la colonia. Se cobijan en la sombra de cualquier gobierno, pueden ser alanistas, fujimoristas toledistas, según convenga. No son malas prácticas, es la lógica del marco institucional. Añadamos al cóctel, el viejo corporativismo, esto es la existencia y predominio de castas económicas y políticas que medran del poder.

La forma como está concebido el Estado peruano dificulta que, aún en períodos de crecimiento, muchos "ciudadanos" tengan acceso a servicios elementales. El modelo institucional impide que millones de habitantes inviertan, accedan a la propiedad y al crédito o tengan agua, electricidad, una buena educación o seguridad mínima. El Estado en el Perú es patrimonio, no es Estado.

En Noruega el Estado dispone de 8% de su PBI en materia de salud. Estados Unidos dispone del 6.5%. Nos estamos refiriendo, por supuesto, a porcentajes de los presupuestos en dólares y, por tanto, de montos descomunalmente mayores a los promedios de América Latina y esos porcentajes tienen un impacto real en la vida social. En nuestros países, el gasto estatal en salud es menor porque así lo establece la estructura presupuestal y porque los recursos son escasos. El Estado está impedido de elevar la presión tributaria, ya que en sociedades descapitalizadas, una mayor presión significaría menor inversión y, desde luego, mayor desempleo. En Chile, el país con mejores indicadores en la región andina, el Estado dispone 2.6% de su presupuesto en salud. En Bolivia, sin embargo, que es el país con mayor pobreza en la región, se dispone del 4.2% ¿Qué explica entonces que este país se ubique entre los últimos países latinoamericanos en materia de salud? ¿Se destinan adecuadamente los recursos a través del Estado? Aparentemente el problema de la exclusión social tiene relación con la ineficiencia con la que el Estado maneja sus fondos.

El Estado contribuye a crear obstáculos que resisten el desarrollo y la transferencia de recursos de manera descendente. La inefectividad coadyuva a que el Estado sea un gran concentrador y un mal administrador de lo que recauda. Por ejemplo, en el Perú algunas regiones cuentan con grandes recursos por concepto de canon y otros ingresos. Pero, en 20 regiones hay 18 millones de pobres y dado que diversas regiones reciben millones de soles por canon y regalías subiste la pobreza extrema ¿Por qué pese a los 470 millones de soles que ingresan por estos conceptos a Cajamarca, ésta región ha pasado en el 2006 a ser una de las regiones con mayor incidencia de pobres? Lo que más ilustra la incapacidad del Estado para movilizar sus propios ingresos es que en las inmediaciones del yacimiento minero de Yanacocha existen once distritos en donde la desnutrición alcanza niveles alarmantes (entre el 50 y 75% de los habitantes según distrito). Los recursos no fluyen, son mal administrados y se atoran en las oficinas de las burocracias regionales. Las inversiones públicas se congelan por efecto del SNIP y la conflictividad social (de por sí alta) madura hasta la violencia.

Bajo el paralizante marco institucional vigente, el Estado opera en muchos casos como un dique de contención de los flujos que las empresas privadas inyectan en el organismo estatal. Sin un "Estado en forma", integrado, racional y eficiente no es posible vislumbrar mejores rumbos. El camino al desarrollo (esto es bienestar que acompaña al crecimiento) pasa por resolver de una vez por siempre una vieja pregunta ¿Qué es el Estado en el Perú? Y desde allí avanzar a una reforma que desentrampe los procesos económicos y que enriquezca la sinuosa y conflictiva relación entre el Estado y los ciudadanos.

 
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