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LOS INTANGIBLES DE LA DEMOCRACIA
Por : Nikolai Wilhelmi
Investigador de la Comisión Andina de Juristas
nwihelmi@cajpe.org.pe
Desde hace ya bastante tiempo escuchamos
que los intangibles forman parte fundamental del
valor de una empresa, ¿cuánto
vale el nombre Inka Kola? o ¿cuál
es el valor de tener un historial crediticio impecable?
o ¿contar con un personal capacitado?
¿Y un buen gerente que motive al personal
y con experiencia? ¿Importante? Tanto
como para que algunos analistas aseveren que puede
representar 2/3 partes del precio de mercado de
una empresa y que sin estos recursos intangibles
es prácticamente garantizada el fracaso
financiero.
Originalmente el concepto de intangible
era utilizado como una forma de referirse a la
acumulación de experiencia y la capacidad
de gestionar este conocimiento adquirido por parte
de las empresas (Amit & Shoemaker; Grant,
Kogut & Zander), en este articulo utilizamos
el termino intangible de una forma mas amplia
de la cual el conocimiento es solo una parte;
lo utilizamos para agrupar ese conjunto de activos
que difícilmente son cuantificables y medibles.
Incluyen formas de comportamiento, reputación,
posicionamiento en el mercado, constituyen factores
que pueden crear una ventaja competitiva en las
organizaciones y que se convierten en variables
indicadoras del éxito competitivo; estos
elementos adquieren cada vez más capacidad
explicativa de la posición privilegiada
de algunas empresas frente a otras.
Estos mismos factores lo podemos
aplicar a organizaciones como los Estados y los
gobiernos, ¿cuánto vale la reputación
de ser un estado democrático?, ¿la
reputación de no negociar con terroristas?
o ¿de ser potencia en determinado rubro
o región? ¿la confianza del ciudadano
y su apoyo? Algunos estados y gobiernos enfrentan
enormes costos económicos y políticos
para lograr estos fines.
Hoy me preguntaba si habrían
intangibles para la sostenibilidad de la democracia
en un país, ¿qué valores
no cuantificables viabilizan o potencian que la
democracia sea viable en un país? Esta
pregunta surge después de observar como
diversos gobiernos son capaces de mantener las
formalidades de una democracia y sin embargo vacían
su contenido; en paralelo vemos el aplauso populista
a las medidas en este sentido.
¿Qué es aquello
que logra que esta construcción idealizada
a la que llamamos democracia funcione para algunos
y para otros no?
Recogiendo el consejo de personas
más sabias que yo inicie mi búsqueda
a partir de los ideales que fundamentan a un gobierno
democrático y preparé este pequeño
borrador que les adjunto para vuestra reflexión:
Partiendo del principio de la igualdad
(elemento paradigmático y sine qua non
de un sistema democrático), se desprende
que para que la democracia funcione se requiere
la capacidad para "reconocer al otro"
como un interlocutor valido ya que la igualdad
es un derecho en sociedad que parte de existencia
de una multiplicidad de actores diferentes entre
si a los cuales se les brinda igual valor, de
este punto se desprende el consenso como la mejor
formula para la resolución de conflictos,
puesto que los intereses y necesidades "del
otro" son tan validos como los propios.
Desde la cantera de los principio
de la legalidad y la libertad vemos la valoración
de la institucionalidad como base para una noción
de lo publico: la creencia del ciudadano "de
a pie" en el cumplimiento de la ley,
la confianza en el estado y sus funcionarios como
protectores de sus intereses y necesidades, la
propia noción de los funcionarios públicos
como servidores de la población y la valoración
del ciudadano como tal. Solo cuando estas conceptos
impregnan una sociedad la democracia se viabiliza
y realza el papel de todos los sectores sociales
en el plano político, en el ejercicio responsable
de los medios de comunicación y el trabajo
de los partidos políticos mas allá
de una coyuntura electoral.
Quizás mas importante es
que estos conceptos deben dejar de ser ideas y
conceptos propios de un grupo de académicos
idealistas en discursos destinados foros públicos,
sino parte de una conciencia colectiva, un comportamiento
inconsciente. Que ya no sea visto como signo propio
de una falta autoridad y si como el rasgo de una
eficiente y duradera gestión de conflictos.
Coyuntura electoral: es ese instante
en el cual la democracia parece materializarse
en un día, sin embargo nos arriesgamos
a convertirla en una ceremonia carente de sentido
y condenada a convertirse en una fútil
esperanza de cambio de no mediar y promover estos
intangibles durante el periodo que se inicia.
"Fiesta democrática" es la
de un país que saluda la salida de un gobernante
demócrata no el alivio transitorio de saltar
de la sartén a la incertidumbre.
(*) Investigador Área
de Democracia y Participación Ciudadana
de la Comisión Andina de Juristas
Las opiniones contenidas en
este artículo son de responsabilidad exclusiva
del autor y no reflejan necesariamente opiniones
institucionales de la Comisión Andina de
Juristas (CAJ).
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