|
¿Y
LAS REFORMAS?
Por: Raúl Mendoza Cánepa
Perdemos el tiempo en debates inútiles
mientras se nos pasa nuevamente el tren de la
historia. Los buenos precios internacionales y
las bonanzas, según me advierte el historial
de los ciclos económicos, son episódicos.
Se cae el contexto mundial y se cae todo con él.
Como en la Bizancio invadida por los fieros turcos,
nos distrae el sexo de los ángeles, lo
adjetivo antes que lo sustancial. La pena de muerte,
el menudeo y los fuegos artificiales parecen ser
las únicas herramientas políticas
del presidente García ¿Y los
temas de fondo? ¿Y la reforma del Estado?
¿Y las carreteras de integración
al mercado? ¿Y la Justicia? ¿Y la
educación? ¿Y qué pasó
con los proyectos de simplificación administrativa?
No reparan que, incluso el crecimiento
económico de los últimos años
pudo haber tenido un impacto directo sobre la
pobreza si se hubiesen concebido y ejecutado reformas
institucionales. La forma como está concebido
el Estado peruano dificulta que, aún en
períodos de crecimiento, muchos "ciudadanos"
tengan acceso a servicios elementales. El
modelo institucional impide que millones de habitantes
inviertan, accedan a la propiedad y al crédito
o que simplemente tengan agua, electricidad, una
buena educación o seguridad mínima.
El "Estado" en el Perú
es patrimonio, no es Estado, por eso no funciona.
Además, cuando el Estado
es inefectivo y débil, los costos de contratar
aumentan en razón de la incertidumbre que
proporciona el comportamiento impredecible de
la gente. Por ejemplo, un Poder Judicial manipulado
por el poder político genera reservas costosísimas
al momento de celebrar un contrato; un organismo
regulador de servicios públicos que opera
en función de intereses no ofrece garantías
para los usuarios; una administración pública
caracterizada por la corrupción pierde
credibilidad ante sus administrados. Todo se encarece.
No sólo eso, el Estado contribuye
a crear obstáculos que resisten el desarrollo
y la transferencia de recursos de manera descendente.
Esta inefectividad coadyuva a que el Estado sea
un gran concentrador y un mal administrador de
lo que recauda. Por ejemplo, en el Perú
algunas regiones cuentan con grandes recursos
por concepto de canon y otros ingresos. Pero,
en 20 regiones hay 18 millones de pobres y dado
que diversas regiones reciben millones de soles
por canon y regalías subiste la pobreza
extrema ¿Por qué pese a los 470
millones de soles que ingresan por estos conceptos
a Cajamarca, ésta región ha pasado
en el 2007 a ser una de las regiones con mayor
incidencia de pobres? Lo que más ilustra
la incapacidad del Estado para movilizar sus propios
ingresos es que en las inmediaciones del yacimiento
minero de Yanacocha existen distritos en donde
la desnutrición alcanza niveles alarmantes
(entre el 50 y 75% de los habitantes). Los recursos
no fluyen, son mal administrados y se atoran en
las oficinas de las burocracias regionales. Las
inversiones públicas se congelan por el
SNIP y la conflictividad social (de por sí
alta) madura hasta la violencia. El Estado opera
en muchos casos como un dique de contención
de los flujos que las empresas privadas inyectan
en el organismo estatal. El Estado no sólo
no sirve, no está, y cuando está
obstruye.
Sin un Estado integrado, racional
y eficiente no es posible vislumbrar mejores rumbos.
El camino al desarrollo social pasa por resolver
de una vez por siempre la vieja pregunta siempre
irresuelta ¿Qué es el Estado
en el Perú? ¿Y qué Estado
queremos? Y desde allí avanzar a una
reforma que desentrampe los procesos económicos
y que enriquezca su sinuosa y conflictiva relación
con los ciudadanos.
Quizás no haya otra oportunidad
cercana para las grandes reformas ¿Aprovechará
el buen oleaje, Presidente García?
|
¡NOS
INTERESA SU OPINIÓN!
En
Peruprensa valoramos la opinión de
nuestros lectores, por tanto si usted tienen
una inquietud, pregunta, comentario, sugerencia
o crítica sobre esta noticia, puede
enviarnosla llenando el formulario siguiente.
|
|
Ir
a la página principal 
|