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VIRTUDES Y DESVERGÜENZAS DE LOS CANDIDATOS
A LA PRESIDENCIA
Por: Julio César Rojas
Rojas
Las virtudes significan un conjunto
de cualidades que constituyen el "supuesto
inteligente" o concentración de
principios, opiniones de políticos verdaderos
que piensan conscientemente en la realidad del
país, sin partidarismos o partidismos,
a todo esto también se le llama personalidad
política y convicción para gobernar.
La modestia, aconseja al político no pensar
ni hablar orgullosamente de él mismo, debe
alejarse de la ostentación, la figuración,
debe actuar con pudor, recato, honestidad, decoro
y honradez, dar visos de buenas acciones para
desempeñar positivas funciones.
La moderación, virtud que
mantiene a los políticos en los extremos
de sus opiniones culturales, actuando con prudencia
a fin de llegar a conclusiones equitativas bajo
lineamientos de respeto mutuo; el respeto guarda
manifestaciones de cortesía y buenas costumbres,
terciando la dignidad, la decencia que se compagina
con todo lo anotado. ¿Quién guía
a los políticos para ejecutar estas y otras
virtudes?, simplemente el razonamiento, la
reflexión, la meditación, etc.,
aunque hay oportunidades en que -desgraciadamente-
prevalece el instinto y la imposición para
ocupar un cargo público en los poderes
ejecutivo, legislativo y otros.
Los desvergonzados, están
situados entre los políticos autoritarios
que imponen con rigor el autoritarismo, que no
aceptan ni toleran la contradicción, son
políticos con grandes defectos que están
acostumbrados a la maldad politizada y, lo más
grave, la costumbre de "política
vendida que el comprador desconoce" bajo
la imperiosa violencia de palabras y hechos. La
soberbia es desvergüenza de políticos
que aman un orgullo desmedido por su modo de ser
(coléricos, rabiosos, despreciativos, altivos,
arrogantes, iracundos y acomplejados) que se sienten
la divinidad en política, son los inseguros
en principios, son los íntimos del facilismo,
van con el sello de la presunción y desconocen
que significa una opinión sobre gobierno
de un Estado o la forma de dirigirlo.
Son pocos los políticos
que poseen virtudes como la modestia, moderación,
capacidad política, honestidad, equidad,
prudencia y respeto a la ciudadanía, todo
encuadrado en un buen comportamiento político-social.
Es posible señalar en estos momentos de
tensión pre-electoral a políticos
de grandes virtudes como Valentín
Paniagua, Susana Villarán, Javier Diez
Canseco, Natale Amprimo o Yehude Simons.
Los otros señores llamados políticos
(como el caso de Ollanta
Humala) van con la desvergüenza
del brazo, son autoritarios, soberbios, acomplejados,
oportunistas, son enamorados del costumbrismo
y tradicionalismo, todos ellos ligados a una política
bastarda desligada de la realidad.
Estos personajes, que son los responsables
del actual desarrollo del Perú, ahora se
quieren subir al gobierno para servirse del dinero
del pueblo, actualmente empobrecido y humillado.
Este es el triste panorama político-social
de las elecciones 2006, siendo el mismo para el
futuro inmediato (dentro del campo continuista)
lleno de gran desvergüenza y un mínimo
de virtudes acentuadas con democracia transparente,
representada por honorables personalidades a las
cuales se les ratifica en las personas de los
antes mencionados: Valentín Paniagua, Susana
Villarán, Yehude Simons, Javier Diez Canseco,
Natale Amprimo y unos cuantos más.
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