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Domingo, 20 de agosto de 2006

PROXENETISMO, RUFIANISMO Y TRATA DE BLANCAS VULNERAN LOS DERECHOS FUNDAMENTALES Y LA DIGNIDAD DE LAS MUJERES

Por: Enrique Hugo Muller Solón (*)

Los anuncios están destinados a "señoritas". No importa si carecen de estudios o experiencia. Vale que sean "ambiciosas". Se promete "poco trabajo", "buen trato", horarios "a convenir" y salarios de más de quinientos nuevos soles semanales. Parece un sueño para miles de adolescentes y jóvenes pobres, sin empleo y sin posibilidades de salir del estado de miseria en que se encuentran. Pero estos clasificados en algunos casos, es la puerta a una pesadilla para aquellas jovencitas que se atrevan a contactar con los anunciantes que no son otra cosa que proxenetas y rufianes dispuestos a todo para lucrarse con el "trabajo" de las incautas: Las jóvenes que cruzan ese umbral engrosaran las filas de mujeres sometidas a la prostituciòn y probablemente a la trata de personas para su explotación sexual. Cabe mencionar que el proxenetismo, el rufianismo y la trata de blancas, son delitos sancionados con penas muy severas en nuestra legislación penal vigente, mas no la prostituciòn.

En un país como el nuestro en donde el 54% de la población es pobre y otro 14% de peruanos vive en condiciones de extrema pobreza (INEI), esos anuncios son una tentación para las jovencitas ingenuas que creen que acceder a un puesto de trabajo sin tener experiencia, sin oficio o profesión, y sin ninguna preparación técnica, habilidad o destreza en algún campo ocupacional, es algo habitual o posible de lograr con tan solo tener ambiciones de salir adelante frente a los anuncios que aparecen en algunos avisos clasificados. Estas ofertas de trabajo en los lugares donde la pobreza ya ha limitado las opciones de la gente, en donde la discriminación contra las mujeres en materia de empleo y remuneración las deja con escasas posibilidades de sustentarse a sí mismas y a sus familias, realmente son una tentación sobre todo cuando piensan que se trata de trabajar por horas, la mayoría de mujeres creen al leer estos anuncios que se trata de una campaña de ventas o que trabajaran como recepcionistas o como degustadoras. Muchas de estas jóvenes mujeres se tornan fácilmente vulnerables frente a las falsas promesas de empleo seguro con paga atractiva que les ofrecen los proxenetas. Aunque puedan sentirse inquietas con respecto a lo que tendrán que hacer, la falta de orientación, la baja autoestima, la desesperación ante sus perspectivas del presente y la esperanza de una vida mejor contrarrestan fácilmente cualquier sensación de peligro. La falta de oportunidades y las desigualdades por razones de sexo crean un considerable caudal de "reclutas" posibles y aparentemente bien dispuestas.

La pobreza y el desempleo es un caldo de cultivo para este delito. Pero además, existe en nuestra sociedad una clara tendencia de estigmatizar y culpabilizar a las víctimas del proxenetismo, del rufianismo o de la trata de blancas, lo cual dificulta recuperarlas con facilidad o lograr nuevamente su reinserción social, una vez alejadas de este tipo de "trabajos", lo que es muy bien aprovechado por estos delincuentes, quienes se hacen reconocer como protectores o benefactores de sus víctimas.

La actividad de proxenetas (los que promueven la prostitución), rufianes (los que se lucran con la prostituciòn) y tratantes de personas (los que consideran una mercancía a las mujeres que se prostituyen), en especial de mujeres y niños, es hoy en el mundo el tercer negocio ilícito más rentable, después del narcotráfico y del tráfico de armas. Pero estos delitos no solamente son manejadas por grandes redes de criminales, a niveles locales operan grupos pequeños, donde muchas veces el reclutador o reclutadora es un vecino o vecina conocidos en un barrio, o un amigo o amiga de personas conocidas, alguien en quien se hace fácil confiar. En muchos casos hay una agencia de viajes de por medio, que facilita o financia el pasaje, una casa donde se les hospeda, un lugar donde se les explota. Se configura así toda una red de complicidades involucradas en la prostitución y trata de personas: el reclutador o reclutadora (proxeneta), el vividor (rufián) y el que organiza el viaje (tratante de blancas), a veces el que acompaña a la o las víctimas y finalmente el que recibe a las viajeras a su llegada a destino.

Generalmente quienes caen víctimas de la prostituciòn o la trata de personas son mujeres jóvenes, muchas veces con hijos, en la mayoría de casos que provienen de entornos familiares de escasos recursos y con problemas de violencia intrafamiliar. Muchas ni siquiera han concluido sus estudios escolares. Pero también los traficantes juegan con las ambiciones de jovencitas de clase media que quieren ganar "dinero fácil y rápido". El reclutamiento más común es en el vecindario, la academia, la discoteca, el parque o en cualquier otro sitio de diversión para adolescentes, pero muchas jovencitas responden a avisos encubiertos que se publican en revistas o periódicos junto a otras ofertas de empleos. Avisos como por ejemplo "Necesito señoritas, trabajo fácil por horas, te aseguramos S/.500.00 semanales, seriedad, llamar al teléfono celular Nº 0101010 o contacta con nosotros al correo normita@hotmail.com", son algunas de las formas que se valen los proxenetas para captar a sus víctimas, a quienes explicarán con mucha delicadeza contestando el correo o por el celular que el trabajo ofrecido es para "damas de compañía". Una primera cita personal con la interesada, le es suficiente al proxeneta para darse cuenta si se encuentra frente a una victima potencial camino a cruzar el umbral que la conducirá a la prostitución de donde difícilmente podrá regresar. Revise los anuncios clasificados y verá que es muy frecuente encontrar avisos con estas características

Lo cierto es que en un porcentaje significativo, muchas víctimas saben desde un principio que se van a dedicar a la prostitución, la cual aceptan como una fuente de buenos ingresos. Lo que no saben es que al iniciarse en esta frívola actividad se vuelven presa fácil de explotación, ignoran que en manos de los rufianes van a ser tratadas como esclavas o como mercancías, que si aceptan trasladarse a otros lugares del país se les retendrá sus documentos, que a veces se les obligará a trabajar para pagar supuestas deudas del viaje, que serán sometidas a amenazas y muchas veces violencia física, que deberán soportar abusos de clientes y empleadores, que si salen del país quedarán en situación migratoria ilegal y presionadas con la deportación, que en muchos casos su libertad de movimiento será limitada y vivirán virtualmente prisioneras de sus explotadores. La mayor parte de las mujeres que son víctimas de los proxenetas al principio tiene poca idea de lo que les espera. Por lo general reciben un porcentaje muy pequeño de lo que paga el cliente al proxeneta o al dueño del prostíbulo. Una vez atrapadas en el sistema, prácticamente no tienen salida y se encuentran en una posición muy vulnerable.

Los proxenetas, además de explotar las necesidades económicas, sacan provecho de la vulnerabilidad de las mujeres y niñas que han huido de su hogar debido a la violencia intrafamiliar. El impacto psicológico y el estigma social del engaño de que ya no serán aceptadas por la sociedad o de que nadie querrá casarse con ellas pueden aumentar la debilidad de la mujer ante la manipulación y la explotación por parte de los traficantes.

Frente a todo esto, lo importante es reconocer que la explotación sexual, la prostitución y el tráfico de seres humanos son actos de violencia contra las mujeres y, en cuanto tales, constituyen una ofensa a la dignidad de la mujer y son una grave violación de los derechos humanos fundamentales. El número de mujeres de la calle ha aumentado notablemente en el país y particularmente en nuestra ciudad por muy distintos y complejos motivos de orden económico, social y cultural. Lo sorprendente es que hoy en día la osadía de los proxenetas, va cada día mas allá de sus procedimientos tradicionalmente utilizados para reclutar a sus víctimas, hoy utilizan los medios de comunicación particularmente diarios, teléfono e Internet para comunicarse con sus potenciales víctimas, captarlas y luego ofrecerlas a sus clientes. Un problema social que los padres de familia tenemos la obligación de conocer y prevenir, nuestras hijas podrían en este momento estar siendo tentadas a través del Internet por un proxeneta que sutilmente les ofrece ganar "dinero fácil", "trabajando solo por horas" y sin que se entere papá ni mamá. No dudemos en denunciar ante la Policía Nacional a los proxenetas, a los rufianes y a los tratantes de blancas.

(*) Coronel PNP - Abogado - Docente Universitario brayan1998_20_12@hotmail.com
Trujillo - PERU - 18 Agosto 2006

 
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