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PROXENETISMO, RUFIANISMO Y TRATA DE BLANCAS VULNERAN
LOS DERECHOS FUNDAMENTALES Y LA DIGNIDAD DE LAS
MUJERES
Por: Enrique Hugo Muller Solón
(*)
Los anuncios están destinados
a "señoritas". No importa
si carecen de estudios o experiencia. Vale que
sean "ambiciosas". Se promete
"poco trabajo", "buen trato",
horarios "a convenir" y salarios
de más de quinientos nuevos soles semanales.
Parece un sueño para miles de adolescentes
y jóvenes pobres, sin empleo y sin posibilidades
de salir del estado de miseria en que se encuentran.
Pero estos clasificados en algunos casos, es la
puerta a una pesadilla para aquellas jovencitas
que se atrevan a contactar con los anunciantes
que no son otra cosa que proxenetas y rufianes
dispuestos a todo para lucrarse con el "trabajo"
de las incautas: Las jóvenes que cruzan
ese umbral engrosaran las filas de mujeres sometidas
a la prostituciòn y probablemente a la
trata de personas para su explotación sexual.
Cabe mencionar que el proxenetismo, el rufianismo
y la trata de blancas, son delitos sancionados
con penas muy severas en nuestra legislación
penal vigente, mas no la prostituciòn.
En un país como el nuestro
en donde el 54% de la población es pobre
y otro 14% de peruanos vive en condiciones de
extrema pobreza (INEI), esos anuncios son una
tentación para las jovencitas ingenuas
que creen que acceder a un puesto de trabajo sin
tener experiencia, sin oficio o profesión,
y sin ninguna preparación técnica,
habilidad o destreza en algún campo ocupacional,
es algo habitual o posible de lograr con tan solo
tener ambiciones de salir adelante frente a los
anuncios que aparecen en algunos avisos clasificados.
Estas ofertas de trabajo en los lugares donde
la pobreza ya ha limitado las opciones de la gente,
en donde la discriminación contra las mujeres
en materia de empleo y remuneración las
deja con escasas posibilidades de sustentarse
a sí mismas y a sus familias, realmente
son una tentación sobre todo cuando piensan
que se trata de trabajar por horas, la mayoría
de mujeres creen al leer estos anuncios que se
trata de una campaña de ventas o que trabajaran
como recepcionistas o como degustadoras. Muchas
de estas jóvenes mujeres se tornan fácilmente
vulnerables frente a las falsas promesas de empleo
seguro con paga atractiva que les ofrecen los
proxenetas. Aunque puedan sentirse inquietas con
respecto a lo que tendrán que hacer, la
falta de orientación, la baja autoestima,
la desesperación ante sus perspectivas
del presente y la esperanza de una vida mejor
contrarrestan fácilmente cualquier sensación
de peligro. La falta de oportunidades y las desigualdades
por razones de sexo crean un considerable caudal
de "reclutas" posibles y aparentemente
bien dispuestas.
La pobreza y el desempleo es un
caldo de cultivo para este delito. Pero además,
existe en nuestra sociedad una clara tendencia
de estigmatizar y culpabilizar a las víctimas
del proxenetismo, del rufianismo o de la trata
de blancas, lo cual dificulta recuperarlas con
facilidad o lograr nuevamente su reinserción
social, una vez alejadas de este tipo de "trabajos",
lo que es muy bien aprovechado por estos delincuentes,
quienes se hacen reconocer como protectores o
benefactores de sus víctimas.
La actividad de proxenetas (los
que promueven la prostitución), rufianes
(los que se lucran con la prostituciòn)
y tratantes de personas (los que consideran una
mercancía a las mujeres que se prostituyen),
en especial de mujeres y niños, es hoy
en el mundo el tercer negocio ilícito más
rentable, después del narcotráfico
y del tráfico de armas. Pero estos delitos
no solamente son manejadas por grandes redes de
criminales, a niveles locales operan grupos pequeños,
donde muchas veces el reclutador o reclutadora
es un vecino o vecina conocidos en un barrio,
o un amigo o amiga de personas conocidas, alguien
en quien se hace fácil confiar. En muchos
casos hay una agencia de viajes de por medio,
que facilita o financia el pasaje, una casa donde
se les hospeda, un lugar donde se les explota.
Se configura así toda una red de complicidades
involucradas en la prostitución y trata
de personas: el reclutador o reclutadora (proxeneta),
el vividor (rufián) y el que organiza el
viaje (tratante de blancas), a veces el que acompaña
a la o las víctimas y finalmente el que
recibe a las viajeras a su llegada a destino.
Generalmente quienes caen víctimas
de la prostituciòn o la trata de personas
son mujeres jóvenes, muchas veces con hijos,
en la mayoría de casos que provienen de
entornos familiares de escasos recursos y con
problemas de violencia intrafamiliar. Muchas ni
siquiera han concluido sus estudios escolares.
Pero también los traficantes juegan con
las ambiciones de jovencitas de clase media que
quieren ganar "dinero fácil y rápido".
El reclutamiento más común es en
el vecindario, la academia, la discoteca, el parque
o en cualquier otro sitio de diversión
para adolescentes, pero muchas jovencitas responden
a avisos encubiertos que se publican en revistas
o periódicos junto a otras ofertas de empleos.
Avisos como por ejemplo "Necesito señoritas,
trabajo fácil por horas, te aseguramos
S/.500.00 semanales, seriedad, llamar al teléfono
celular Nº 0101010 o contacta con nosotros
al correo normita@hotmail.com", son algunas
de las formas que se valen los proxenetas para
captar a sus víctimas, a quienes explicarán
con mucha delicadeza contestando el correo o por
el celular que el trabajo ofrecido es para "damas
de compañía". Una primera
cita personal con la interesada, le es suficiente
al proxeneta para darse cuenta si se encuentra
frente a una victima potencial camino a cruzar
el umbral que la conducirá a la prostitución
de donde difícilmente podrá regresar.
Revise los anuncios clasificados y verá
que es muy frecuente encontrar avisos con estas
características
Lo cierto es que en un porcentaje
significativo, muchas víctimas saben desde
un principio que se van a dedicar a la prostitución,
la cual aceptan como una fuente de buenos ingresos.
Lo que no saben es que al iniciarse en esta frívola
actividad se vuelven presa fácil de explotación,
ignoran que en manos de los rufianes van a ser
tratadas como esclavas o como mercancías,
que si aceptan trasladarse a otros lugares del
país se les retendrá sus documentos,
que a veces se les obligará a trabajar
para pagar supuestas deudas del viaje, que serán
sometidas a amenazas y muchas veces violencia
física, que deberán soportar abusos
de clientes y empleadores, que si salen del país
quedarán en situación migratoria
ilegal y presionadas con la deportación,
que en muchos casos su libertad de movimiento
será limitada y vivirán virtualmente
prisioneras de sus explotadores. La mayor parte
de las mujeres que son víctimas de los
proxenetas al principio tiene poca idea de lo
que les espera. Por lo general reciben un porcentaje
muy pequeño de lo que paga el cliente al
proxeneta o al dueño del prostíbulo.
Una vez atrapadas en el sistema, prácticamente
no tienen salida y se encuentran en una posición
muy vulnerable.
Los proxenetas, además de
explotar las necesidades económicas, sacan
provecho de la vulnerabilidad de las mujeres y
niñas que han huido de su hogar debido
a la violencia intrafamiliar. El impacto psicológico
y el estigma social del engaño de que ya
no serán aceptadas por la sociedad o de
que nadie querrá casarse con ellas pueden
aumentar la debilidad de la mujer ante la manipulación
y la explotación por parte de los traficantes.
Frente a todo esto, lo importante
es reconocer que la explotación sexual,
la prostitución y el tráfico de
seres humanos son actos de violencia contra las
mujeres y, en cuanto tales, constituyen una ofensa
a la dignidad de la mujer y son una grave violación
de los derechos humanos fundamentales. El número
de mujeres de la calle ha aumentado notablemente
en el país y particularmente en nuestra
ciudad por muy distintos y complejos motivos de
orden económico, social y cultural. Lo
sorprendente es que hoy en día la osadía
de los proxenetas, va cada día mas allá
de sus procedimientos tradicionalmente utilizados
para reclutar a sus víctimas, hoy utilizan
los medios de comunicación particularmente
diarios, teléfono e Internet para comunicarse
con sus potenciales víctimas, captarlas
y luego ofrecerlas a sus clientes. Un problema
social que los padres de familia tenemos la obligación
de conocer y prevenir, nuestras hijas podrían
en este momento estar siendo tentadas a través
del Internet por un proxeneta que sutilmente les
ofrece ganar "dinero fácil",
"trabajando solo por horas" y sin
que se entere papá ni mamá. No dudemos
en denunciar ante la Policía Nacional a
los proxenetas, a los rufianes y a los tratantes
de blancas.
(*) Coronel PNP - Abogado -
Docente Universitario brayan1998_20_12@hotmail.com
Trujillo - PERU - 18 Agosto 2006
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