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Domingo, 27 de agosto de 2006

LA SOCIEDAD CIVIL PARA LA DEFENSA INTERNACIONAL DE LA DEMOCRACIA

Thomas Legler (*)
Profesor de Relaciones Internacionales
Mount Allison University, Canadá

Perú es la cuna de la Carta Democrática Interamericana. Fue la dolorosa experiencia de Perú bajo el autoritarismo de Fujimori la que incentivó al gobierno transitorio de Paniagua y la sociedad civil que lo apoyaba a proponer la idea de una Carta Democrática a la Organización de Estados Americanos. Su propósito era que ni el Perú ni ningún otro país de las Américas tuvieran que soportar una vez más la erosión sistemática de la democracia por un jefe de estado en ejercicio elegido democráticamente que se convirtiera luego en un dictador.

Adoptada por la Asamblea General Extraordinaria de la Organización de Estados Américanos (OEA) realizada en Lima en septiembre del 2001, la Carta Democrática Interamericana contiene disposiciones importantes que en teoría deben ayudar a la OEA a responder en forma preventiva, oportuna y efectiva a la amenaza de un desliz hacia el autoritarismo, o en otras palabras, el surgimiento de otro Fujimori (y Montesinos). El Artículo 17 de la Carta Democrática, cláusula de "auto-ayuda", estipula que cualquier estado miembro puede solicitar la asistencia del Secretario General y del Consejo Permanente de la OEA en el caso de una amenaza a la democracia. El Artículo 18, cláusula de "vigilancia de la colectividad", propicia a que cualquier estado miembro o a que el Secretario General pueda convocar a una reunión del Consejo Permanente debido a la crisis política en un estado vecino.

Lamentablemente, la OEA continúa teniendo enormes dificultades para poner en práctica los principios de la Carta Democrática.; ya que no ha podido combatir los deslices hacia el autoritarismo de presidentes elegidos, como resultó evidente en la crisis reciente en el Ecuador (2004-2005) y en el actual gobierno de Chávez. La OEA ha adquirido la reputación de ser un "apaga incendios" que llega a la escena cuando el edificio ya está en llamas.

Una gran parte del problema de la OEA en su defensa de la democracia se relaciona con los límites de la soberanía que el multilateralismo interestatal impone a la acción de la OEA. Un ejemplo es el principio de "sólo por invitación". La OEA debe primero obtener el consentimiento expreso del respectivo gobierno antes de poder intervenir en defensa de la democracia. Los Artículos 17 y 18 antes mencionados consagran este principio. Esto puede dar lugar a la posibilidad de situaciones perversas en que la OEA debe buscar la señal de seguir adelante en su acción a favor de la democracia desde un gobierno antidemocrático. Los peruanos seguramente recordarán cómo la OEA tuvo que negociar con el gobierno de Fujimori en junio del 2000 para poder lanzar su misión de alto nivel bajo la Resolución 1753.

Si las prácticas multilaterales actuales obligadas por la soberanía impiden a la OEA la oportuna y eficaz defensa de la democracia, parte de la solución debe entonces estar en alterar el multilateralismo. Es aquí donde la sociedad civil debe desempeñar una función importante. Nada impide a las organizaciones o redes de la sociedad civil desarrollar un sistema de alerta temprana o un mecanismo de vigilancia para evaluar el cumplimiento de los estados miembros con la Carta Democrática. En casos en que los países miembros de la OEA o el Secretario General se encuentren limitados en términos de lo que pueden decir o hacer por temor a violar la soberanía de otros países miembros, la sociedad civil no estará sujeta a esta limitación.

En este sentido, la sociedad civil ha realizado acciones pioneras. En Venezuela, en 2002-2003, el Centro Carter tuvo un desempeño valioso como parte de la misión tripartita que facilitó el diálogo entre el gobierno de Chávez y la oposición y que comprendía también a la OEA y al Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Los Amigos de la Carta Democrática y la Comisión Andina de Juristas han comenzado a elaborar las bases de un sistema de advertencia temprana y de un mecanismo de vigilancia democrática. Los miembros de la sociedad civil pueden actuar como exploradores útiles y denunciantes ante la OEA.

No obstante, no se deben subestimar las dificultades de la sociedad civil en apoyo a la OEA en la defensa internacional de la democracia. Las organizaciones no gubernamentales son muchas veces criticadas por la falta de credenciales democráticas en la elección de sus dirigentes y representantes internacionales. Estas organizaciones deben también tener cuidado en su asociación con el gobierno de los Estados Unidos. Aunque las ONG recurren muchas veces a la USAID o al sistema NED en busca de asistencia financiera, la experiencia de Súmate en Venezuela indica que corren el riesgo de alimentar la percepción de que son agentes del gobierno de los Estados Unidos en un momento en que las relaciones entre dicho país y América Latina no son muy favorables.

Por último, hacer un diagnóstico de las graves amenazas a la democracia o de las crisis políticas que se avecinan es algo difícil tanto para la OEA como para las organizaciones de la sociedad civil. Una cosa es determinar la inminencia de un golpe de estado y otra muy diferente discernir el punto preciso en que una serie de pequeñas y paulatinas acciones de desliz hacia el autoritarismo se suman a una situación lo suficientemente grave para merecer la atención del Consejo Permanente de la OEA. Con esa dificultad metodológica no es de sorprender que en democracias como la del Perú en la década de 1990 ocurriera "la muerte por mil pequeños cortes" antes de intervención efectiva de la OEA en defensa de la democracia. Sin embargo, hasta que el mulilateralismo interestatal de la OEA no acepte la importante función complementaria de las organizaciones civiles, continuaremos observando como la OEA llega demasiado tarde a la escena para salvar la casa de quemarse.

(*) El Dr. Thomas Legler, participará como panelista principal en el encuentro: Democracia y pacto social en las Américas: retos y posibilidades, el cual se llevará a cabo en Lima el lunes 28 de agosto de 2006 a las 14h00 en el Auditorio #1 del Museo de la Nación y está siendo organizado por la Embajada de Canadá, el Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (IDEHPUCP) y la Comisión Andina de Juristas (CAJ).

 
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