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CULTURA
¿POLÍTICA DE ESTADO?
Por: Raúl Mendoza Cánepa
(*)
Investigador de la Comisión Andina de Juristas
Los gobiernos que trascienden no
sólo promueven crecimiento, siembran valores
culturales, legan talentos. Los grandes renacimientos
culturales suelen estar asociados, por ello, a
grandes estadistas cuando no a poderosos patrocinadores.
Lamentablemente, en el día a día
la cultura pasa a un tercer plano.
El Gobierno, a través del
INC tiene la oportunidad de complementar la reforma
educativa con una campaña de consolidación
cultural. Cultura y educación son temas
necesariamente vinculados. En esa línea,
sería fructífero, que vía
convocatoria del INC, se institucionalizara una
red de mecenazgo y patronazgo de cultores artísticos.
La ejecución de esta propuesta no tendría
costo, sólo se requeriría el llamado
del Gobierno y, desde luego, la elaboración
de un sistema articulado e integrado de beneficios
tributarios, descuentos de publicidad en los medios
de comunicación del Estado, etc.
En Venezuela, el tema es de debate
público, en España existe una norma,
la Ley de Mecenazgo de diciembre del 2002, por
la que se crea un régimen fiscal e incentivos
al mecenazgo. En Argentina se venía discutiendo
en el Congreso un proyecto auspicioso sobre el
tema. Si bien es cierto, hay determinados incentivos,
desarrollados normativamente de manera aislada,
para la promoción cultural, no existe en
el Perú un régimen especializado
que supere la materia tributaria y que extienda
mayores beneficios a los llamados "mecenas".
Más aún, se requiere un registro
de mecenazgo que permita identificar a aquellas
empresas y personas, que por incentivos o amor
a la cultura, estén dispuestos a financiar
la creación y difusión de nuevos
talentos.
Existen muchos empresarios y empresas
interesadas en el arte y que llevan internalizado
el principio de la responsabilidad social. Es
notorio que abundan en el país talentosos
artistas (músicos, pintores, escritores,
actores, bailarines, cineastas, etc) que viven
en el anonimato y sin posibilidad material de
publicar su primera novela, presentar su primer
recital, realizar su primera exposición
o simplemente formarse en una escuela. El anonimato
y la pobreza suelen ser una conjunción
letal para el talento ¿Cuántos
jóvenes simplemente abandonan su actividad
cultural por tareas más prosaicas, por
empleos mal remunerados, oscuros y escasamente
creativos? Muchos cultores van a la deriva
y sin auspicio porque la sociedad y el propio
gobierno se distraen en lo inmediato, obviando
lo trascendente. Ante una convocatoria de ese
tipo, diversas empresas podrían hacerse
cargo de un artista, promoverlo y convertirlo
en un símbolo institucional mediático,
lo que redundaría en un estrechamiento
de lazos entre las empresas y los ciudadanos,
generando un vínculo de afecto que incidiría
en la solidificación de la imagen empresarial.
Existe un mecenazgo económico,
pero también hay experiencias interesantes
que expanden el significado del término,
es el apoyo directo al joven talento a través
de la tutoría. Si bien no se financia la
creación, formación y difusión
de las obras, se asigna un mentor con cierto renombre.
El INC podría promover una red de discipulado
y apoyo a la formación cultural. Tampoco
redunda en mayor gasto, habida cuenta que todo
artista consagrado busca también su propia
promoción. Hace algunos meses, en el marco
de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores
y Discípulos, un joven literato colombiano,
apenas con una publicación en su haber,
escribió el borrador de su obra en 12 meses,
bajo la tutela y guía del novelista Vargas
Llosa . Esta relación maestro-alumno concluyó
en la publicación de la novela "Recursos
Humanos", editada por Editorial Planeta.
Este es un tema que en algunos
países viene cobrando mayor importancia
y generando, además, el interés
espontáneo de las empresas y amantes de
la cultura ¿No será, ahora en
un contexto de estabilidad económica, el
momento propicio para hacer de la cultura uno
de los ejes de la política?
(*) Las opiniones contenidas
en este artículo son de responsabilidad
exclusiva del autor y no reflejan necesariamente
opiniones institucionales de la Comisión
Andina de Juristas (CAJ).
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