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COMPLEJO ARQUEOLÓGICO "EL BRUJO"
ABRE SUS PUERTAS AL MUNDO
Por: Nivardo Córdova
Salinas
Fotos: Sandra Uccelli y Proyecto El Brujo
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Membrana tensionada, realizada por profesionales
peruanos protege 2,500 metros cuadrados
de la milenaria Huaca Cao
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El complejo arqueológico
"El Brujo" abrió sus puertas
al turismo nacional y extranjero, que ya puede
admirar in situ su extraordinaria arquitectura
y decoración, tras 16 años de investigaciones
financiadas por la Fundación Wiese en convenio
con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
Nacional de Trujillo y el Instituto Nacional de
Cultura de La Libertad.
La noticia ha venido acompañada
del grandioso hallazgo del cuerpo momificado de
una sacerdotisa mochica en la Huaca Cao Viejo
-ubicada dentro del complejo- que por sus finos
ornamentos y tatuajes tuvo un alto rango y será
una valiosa fuente de información sobre
la compleja sociedad mochica. En la ceremonia
de apertura, realiza el pasado 12 de mayo, se
presentó además la novedosa estructura
techada de 2,500 metros cuadrados para proteger
la arquitectura y murales policromados en altorrelieve
con escenas de decapitaciones, práctica
al parecer muy común en la sociedad dejado
Moche.
El complejo arqueológico
"El Brujo" es un antiguo centro
ceremonial de barro, ubicado en la localidad de
Magdalena de Cao (valle Chicama) a 45 minutos
de la ciudad de Trujillo. En este lugar, sepultado
bajo las arenas del tiempo, se resume el legado
de 5 mil años de ocupación humana
ininterrumpida. Desde los nómades cazadores
recolectores, pasando por las culturas Cupisnique,
Moche, Lambayeque, Chimú, Inca hasta la
época colonial -existen vestigios de una
iglesia española y un poblado indígena.
Con mucha razón, el señor Augusto
Wiese dijo lo siguiente en su discurso: "La
Fundación Augusto N. Wiese, fundada por
mi padre hace aproximadamente 50 años para
apoyar obras de bien social, culturales, educativas,
deportivas,, fue creada según sus propias
palabras para agradecer al Altísimo por
los beneficios que había recibido durante
su vida".
LA SACERDOTISA
DE CAO
La Señora de Cao fue hallada
en una tumba en la huaca de Cao Viejo, que forma
parte del complejo El Brujo. Luce collares, narigueras,
pendientes y enormes báculos que representaban
el poderío de gobernante. El descubrimiento
estuvo a cargo del arqueólogo Régulo
Franco Jordán, de la fundación
Wiese, en colaboración con especialistas
de la Universidad de Tulane (Estados Unidos) y
de los codirectores Segundo
Vásquez (UNT) y César
Gálvez Mora (INC). Ellos participan
en el proyecto desde su inicio.
El hallazgo se efectuó en
un recinto ceremonial de 1800 años de antigüedad
(Moche I) construído específicamente
para realizar el entierro de la sacerdotisa. La
momia ha sido bautizada como la "Sacerdotisa
de Cao", y que se suma a otros vestigios
de este templo ceremonial, especialmente los impresionantes
frisos policromados con escenas de decapitaciones,
práctica ritual muy común en la
sociedad Moche.
Se ha calculado su antigüedad
en unos mil 700 años, en tanto se realizan
los estudios científicos que permitan determinar
las causas de su muerte, desentrañar la
información de su ADN, entre otros puntos.
Los cables internacionales destacaban que sus
tatuajes, con diseños propios de la iconografía
mochica. Se trata de motivos zoomórficos
como serpientes y arañas, que podrían
ser relacionarse a ritos de fertilidad, lluvias
y sequias. Tampoco se descarta la función
adivinatoria. Su piel fue momificada utilizando
posiblemente sulfato de mercurio.
La Señora de Cao fue, al
parecer, tenía el "estatus de gobernante".
Cabe recordar que hace ocho años se encontraron
los restos de una sacerdotisa en el Algarrobal
de San José de Moro, en investigaciones
realizadas por la Universidad Católica
del Perú. Este vestigio es investigado,
conservado y catalogado por un equipo multidisciplinario
de primer nivel que incluye arqueólogos,
antropólogos físicos, conservadores
textiles, curadores de metales, dibujantes, entre
otros profesionales procedentes del Perú
y del extranjero.
5 MIL AÑOS
DE HISTORIA
Hace más de 15 años
se inició la titánica tarea de recuperar
El Brujo, frente a la depredación de los
"huaqueros" que sin ningún
criterio, sólo cegados por encontrar tesoros,
destruían frisos y recámaras prehispánicas.
El convenio de cooperación firmado por
tres importantes instituciones, el Instituto Nacional
de Cultura, la Fundación Augusto N. Wiese
y la UNT permitió iniciar las excavaciones
y rescatar la evidencia histórica guardada
en los recintos y paredes del templo, evidencia
que nos acerca más al entendimiento de
la cultura Moche y a dar a conocer su maravilloso
arte.
Estas pinturas murales que representan
ofrendas humanas y batallas rituales, así
como sacrificios humanos, muy probablemente realizados
por "El Decapitador" que el arqueólogo
Régulo Franco llegó a algunas importantes
conclusiones, entre ellas que este recinto prehispánico
estuvo dedicado al dios Aiapaec, "El Decapitador",
principal deidad de la cultura Mochica. Según
los arqueólogos, El Brujo debe su nombre
a la constante afluencia de los llamados brujos
o curanderos norteños (shamanes) a este
lugar, quienes realizaban y realizan, hasta la
actualidad, ceremonias de curación en montañas
o ruinas prehispánicas, como la Huaca Cao
Viejo y la Huaca El Brujo, por considerarlos lugares
de poder.
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Murales con temas de decapitaciones en El
Brujo
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Al haber sido un importante centro
ceremonial, la Huaca Cao fue destinada al culto
de los dioses del panteón mochica, por
ello la ornamentación de la misma tiene
representaciones de escenas rituales o advocaciones
a sus principales divinidades. La Huaca Cao fue
el edificio más importante del complejo.
Esta pirámide escalonada, remodelada hasta
en siete ocasiones, fue construida por primera
vez a inicios de la era cristiana y entró
en decadencia durante el siglo VII dc. Las construcciones
fueron hechas con adobes, moldes de caña
y madera, las fachadas y terrazas fueron pintadas
en colores rojo, blanco, amarillo, azul y negro.
Los arqueólogos sostienen
que los Moche realizaron sacrificios humanos entre
cada periodo de remodelación, los cuerpos,
muchas veces decapitados, hallados dentro de la
construcción sustentan esta teoría,
con ello, agregan, se buscaba fortalecer la morada
de sus dioses y conseguir bendiciones para la
comunidad. Los altos relieves de los muros del
templo (Huaca Cao Viejo) muestran una variada
temática, desde imágenes cotidianas
hasta representaciones de figuras sagradas, como
"Aiapaec", imagen sobrenatural
antropomorfa con rasgos felínicos, encontrada
en el frontis principal (muro norte) que sería
la representación de la principal deidad
mochica. Otro mural impactante es la fila de prisioneros,
ensangrentados, que desfilan atados con sogas
al cuello, rumbo a su encuentro con El Degollador...
PROTEGIENDO
LA HISTORIA
"Este complejo arqueológico
sufrió permanentemente los embates de la
naturaleza, sus habitantes (antiguos peruanos)
no solo resistieron los fuertes vientos y cambios
climáticos, sino que fueron capaces de
mantener esta edificación y reflejar su
cultura en frisos y altos relieves, los cuales
son motivo de asombro para los peruanos y ciudadanos
del mundo de hoy", señalaron voceros
de la Fundación Wiese.
Vencer a la naturaleza fue el principal
reto de la cultura Moche, su subsistencia, desarrollo
y organización exitosa cumplieron ampliamente
la razón primaria de toda civilización.
Recogiendo ese espíritu, profesionales
en arquitectura, diseño e ingeniería,
plantearon el reto de lograr una cobertura de
rescate para el patio ceremonial y muros circundantes,
el legado histórico y el aporte del presente.
Esta novedosa cubierta de 2,500
metros cuadrados, única en su género
realizada sobre un legado prehispánico,
respeta las diversas plataformas del centro ceremonial
permitiendo el paso de la luz, ya que la membrana
esta tejida con hilo de poliéster de alta
tenacidad y recubierta con PVC para que sea impermeable.
Toda esa estructura filtra el 100% de los rayos
UV y deja pasar el 40% de lo rayos infrarrojos
(luz) con lo que se da protección total
a las pinturas en relieve del muro norte de la
pirámide.
La concepción, desarrollo
y ejecución de la obra ha tomado tres años,
el costo ha sido aportado íntegramente
por la Fundación Augusto N. Wiese. Al final
el trabajo de la arquitecta Claudia Uccelli (diseñadora
de la cobertura), y de los ingenieros Carlos
Casabonne y Daniel Torrealva logró
su cometido. También participaron la empresa
Ámbito S.A., el arquitecto
Octavio Valera y la empresa Tecnología
de Materiales S.A. El software utilizado fue creado
por la empresa Forten 2000 de Archimedia Spa (Italia).
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