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FONDO DE LA PALABRA
Por: Saniel Lozano Alvarado
Tengo especial simpatía
por el trabajo literario y docente que desarrolla
Hugo González Aguilar,
mi alumno en la Universidad Nacional de Trujillo
durante la década del 90. Su dedicación
al estudio, su actividad creativa, su ponderado
nivel intelectual, su modestia y sencillez, los
asumí siempre como signo de un espíritu
noble y generoso. Por eso, cuando a la sección
a la que pertenecía le propuse desarrollar
temas propios de la literatura regional de La
Libertad sabía que descubriríamos
y revaloraríamos a nuestros escritores
representativos, unos ya clásicos y reconocidos;
otros, afanados en construir un perfil y lograr
un sitial en el cosmos de la palabra artística;
y otros, acaso ignorados y necesitados de estímulo
y reinvidicaciòn.
Posiblemente los factores económicos
han impedido que Hugo González nos ofrezca
los frutos de su talento narrativo, o quizás
no tiene apresuramiento por publicar, pero creo
que por sus aptitudes para el relato, debería
ya entregarnos los frutos de su trabajo creativo.
Puede ser también que haya preferido empezar
por el apasionante mundo analítico y crítico,
de insospechadas proyecciones y de valiosos hallazgos
que iluminan vastos sectores de la creación
literaria. Me ha pasado a mí. Aún
me tiene atrapado, pues siendo respetable y digno
de admiración el trabajo de nuestros poetas
y narradores, la crítica basada en postulaciones
teóricas ponderadas y pertinentes, aclara,
ilumina y explica aquellos sectores que el lenguaje
común, el científico o el de los
mismos creadores no pueden explicar satisfactoriamente.
De manera particular, los críticos de oficio-no
los impresionistas-llegan a comprender el extraordinario
y singular valor que tiene la poesía mas
allá de su primordial función estética:
revela aquellos sectores de la realidad, del mundo
y de la vida que no pueden ser conocidos por otra
vía. Como dice Hilde Domin: "Mediante
el denominar, la lírica hace visible la
realidad, el hoy. Ella ayuda a la realidad a ser
realidad. De modo completamente igual a como ayuda
al hombre a ser él mismo. La realidad auténtica
denominada intrépidamente resulta claramente
conocible. Sólo así es posible enfrentarse
a ella. El lírico mantiene viviente a la
realidad que ha sido esquematizada con "slogans"
y con definiciones acomodadas al gusto: la mantiene
viviente y ofensiva. Mientras la política
-y también la propaganda- tiende a hacerla
nebulosa y encubre la decisión, el lírico
la mantiene bajo la luz de la palabra exacta,
la muestra con toda su problematicidad."
(¿Para qué la lírica hoy?,
p. 36)
Este es, pues, el camino que ha
decidido recorrer Hugo González Aguilar.
Y es sintomático que lo haya hecho con
la obra de un poeta cincelador de un lenguaje
fuera del uso común y del alcance popular:
la poesía de Bethoven
Medina Sánchez,
a quien conocí precisamente en los días
de su afirmación poética, a comienzos
de la década de 80, al calor de la atmósfera
propicia generada por la Universidad Nacional
de Cajamarca, donde compartimos ideales y realizaciones
con la pléyade de prestigiosos intelectuales:
el maestro de hispanismo Zoilo
León Ordóñez,
el tecnólogo de la educación César
Paredes Canto; el escritor Luzmán
Salas Salas, la mas autorizada voz
del proceso literario de Cajamarca; el laureado
poeta Manuel Ibáñez
Rosazza, el fino y sutil
Alfredo Jimeno Mora.
Repito, yo no conocí bien
al Bethoven de sus comienzos, aquí, en
Trujillo, aunque sabía ya de sus tanteos
y del despertar de su vocación. Fue en
Cajamarca donde presencié su consolidación
como voz singular e inusual en la poesía.
Desde entonces, he seguido atento al desarrollo
de su producción expuesta a partir de los
años 90.
Volumen de Vida, por ejemplo, lo
percibo como una visión total e integradora
de la vida, como exploración de su complejidad,
como ansia de ubicación del hombre dentro
de ella, como búsqueda del sentido del
destino del hombre, todo expresado en un lenguaje
que violenta el discurso lineal del pensamiento,
porque no se trata de una visión sensorial
de la vida, sino una exploración desde
el otro lado, desde el interior que proyecta todo
externo.
Obra de un complejidad estructural
y léxica, de un nivel artístico
sustentado en la jerarquía artística
de la palabra, su libro no puede analizarse desde
posturas impresionistas o tradicionales; tampoco
valen los juicios basados en la simpatía
o el la relaciona amical. Tal vez para comprender
mejor su poesía sea necesario pensar y
sentir lo mismo que el autor lo cual no es fácil
ni depende de una simple voluntad, sino de concepciones
originales de la vida capaces de hacernos aprehender
las otras formas de la realidad, extra o suprafisica,
que vibran y existen mas allá del mundo
racional y de los sentidos, como la que propone
la vía esotérica, cuyo recorrido
ha permitido al poeta posesionarse y crear su
obra.
El episodio de la Conquista del
imperio incaico por las huestes españolas,
la osadía o aventura de los invasores,
los sentimientos de Atahualpa y la población
nativa, son los insumos que Bethoven Medina somete
a un intenso laboratorio lingüístico-literario
de problemas, hipótesis , variables, medios,
resultados, análisis y conclusiones para
alumbrar Expediente para nuevo juicio son el andamiaje
aparente de la ciencia, cuyo caudal, insólitamente
poético, resulta iluminado por el verbo
de la sustancia y la esencia. Se alumbra así
y se prueba el fruto maduro de un arte dotado
de sugerencias, emociones y hallazgos imprevistos,
sorprendentes e impredecibles, en el ejercicio
de una de las claves de la poesía: su opacidad
y su escasa predictividad en relación con
la vida sensorial y con la realidad física
en la formulación lingüística
inmediata, pues su valor esta en los hallazgos
y valores sorprendentes que moran debajo de la
palabra externa.
Poesía en la que se fusionan
la emoción del pensar y la intensidad lírica,
construcción lingüística en
la que el verso se dota de secuencias narrativas
y dialogantes; libro que, al menos por ahora,
marca el punto cimero de un estilo labrado a través
de toda su producción literaria, la poesía
de Bethoven Medina Sánchez plasmada en
Y antes niegue sus luces el sol se inscribe dentro
de las principales expresiones del lenguaje total,
porque la suya claro que es una poesía
para ser leída, pero también para
ser vista, para hablarse y escucharse, debido
a la persistente resonancia de la oralidad; para
pronunciarse y entonarse; para emocionarse y también
estremecerse, sin dejar de pensar en el Peru,
porque, aparte de su función estética
primordial, la poesía de Bethoven es también
una vía del conocimiento, reflexión
y valoración de la historia.
Temáticamente, Hugo González
abarca la totalidad de los títulos publicados
por Bethoven; por lo tanto, su visión es
mas panorámica e integral. Es también
un estudio contextualizado, especialmente ante
la presencia del factor social de la época
que marca la aparición literaria del poeta.
Esta opción revela que para Hugo la literatura
no es solo una actividad literaria, sino que ella
se explica en función del posicionamiento
del autor en el ambiente histórico que
le ha tocado vivir, lo cual constituye una de
las vertientes de la crítica, aquella que
comprende historia y sociedad.
A través de su estudio González
revela una sutil capacidad para describir aquello
que para los ojos de un profano pasa inadvertido.
Hay también una consistente información
documental que incluso sobrepasan las dimensiones
del trabajo.
Lo fundamental del estudio, su
aporte primordial, es el análisis de la
obra poética de Bethoven a la luz del esoterismo,
pues de lo contrario la palabra del creador queda
como un simple virtuosismo lingüístico
y literario. Es que para hurgar en la poesía
de Bethoven no son suficientes determinados métodos
(impresionista, histórico, hedonista, psicológico,
sociológico); tampoco se puede resolver
a partir de las posturas tradicionales que conciben
la obra literaria como compuesta por fondo y forma.
Creo que toda la obra poética del poeta
Medina es una gran metáfora de la realidad;
pero no de la externa, sensorial o material, sino
de aquella que esta por debajo de las apariencias
o, para decirlo con palabras de Hugo, en el Fondo
de la palabra, expresión que es uno de
los mas felices hallazgos y aportes para entender
la creación de uno de los poetas mas importantes
de nuestro parnaso literario.
En realidad desconocía que
Hugo González conociera o tuviera formación
esotérica; pero es indudable que se trata
de una exigencia si se quiere conocer en sus esencias
la poesía de Medina; porque, como lo señalé
antes, nada o muy poco resuelve la afirmación
de su destreza lingüística para ofrecernos
la impresión de lo que varios poetas y
comentadores califican simplemente como expresión
de un "caotisismo literario".
Entonces, este es uno de los méritos del
investigador, que no se queda en la apariencia
del lenguaje sino que se remite hasta el "fondo"
del verbo.
Finalmente, el libro de Hugo González
Aguilar es un claro derrotero de la seria formación
cultural y literaria que alimenta su personalidad,
de la información documental que ostenta,
seguro de que la crítica no es una simple
opinión personal o una reacción
emotiva, sino un ejercicio intelectual del mas
alto nivel. Por eso escasean lo críticos,
especialmente los acuciosos e iluminadores. Hugo
está en esa línea, y su trabajo
no sólo contribuye a esclarecer la poética
de Bethoven, sino un claro indicio de que estamos
ante una figura y un espíritu sensible
y acucioso que, si persiste en la tarea, ha de
ascender a mayores logros y profundizar en el
verdadero sentido del fondo de la palabra poética,
a donde no llega la lengua común, ni la
científica ni las demás lenguas.
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