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Jueves, 09 de noviembre de 2006

LA TRISTE REALIDAD DE LAS VÍCTIMAS DEL CARBÓN: MORIR POR DIEZ NUEVOS SOLES DIARIOS

Por: José Alayo Chinchayán.

Este menor a pesar de su corta edad tiene que aprender a convivir con su triste realidad, ser víctima inocente de los mal llamados mineros informales o artesanales. ¿Se le puede llamar a estos sujetos, inescrupulosos y explotadores, "mineros artesanales" si al mes perciben una ganancia liquida que bordea los 10 mil nuevos soles?

Constantemente escuchamos hablar a nuestros gobernantes y a los analistas u especialistas, sobre la gran importancia que tiene, para cualquier país, el trato adecuado que se le debe dar a las nuevas generaciones, especialmente a la niñez, que es quizá una de las etapas en la que el ser humano requiere de los mayores cuidados por parte de los adultos, existen incluso tratados internacionales sobre los derechos de niños y adolescentes los que, lamentablemente, sólo quedan en el papel, pues en la práctica se convierten en letra muerta. Un ejemplo palpable de esto, es la triste realidad en la que viven muchos niños y adolescentes del ande liberteño, específicamente quienes se ubican en las zonas mineras del Alto Chicama, Santiago de Chuco y Huamachuco.

En mi reciente viaje -por motivos de trabajo- a dichas zonas, he podido corroborar in situ la forma tan cruel e inhumana en la que viven muchos menores, en su gran mayoría explotados por sus mismos familiares que fungen de empleadores y los contratan para trabajar extrayendo minerales (en este caso se trata del carbón de piedra) en condiciones infrahumanas e indignantes, sin que nadie haga nada por subsanar esta triste realidad que agobia a quienes, se supone, constituyen el futuro de nuestra patria. En este nuevo recorrido, tuve la oportunidad de visitar algunos de estos caseríos o comunidades, en las cuales los pequeños mineros son sometidos día a día a estos incalificables abusos; podríamos citar el ejemplo de los caseríos de Canibamba Bajo, Canibamba Alto, La Victoria, El Ingenio, Río Negro, Quiruvilca, Capachique y algunos otros cuyos nombres se me escapan a la memoria.

En estos poblados resulta natural ver una cantidad impresionante de bocaminas o túneles por donde se ingresa a los socavones (según los pobladores superarían el centenar) ubicados en lo alto de los cerros, por estos forados ingresan los pequeños mineros para extraer el carbón de piedra, utilizando como únicas herramientas de trabajo una pala, una barreta y una carretilla, para alumbrarse utilizan un pequeño lamparín con mechero alimentado por carburo o una pequeña linterna a pilas. Las jornadas de trabajo, en muchos casos sobrepasan las 12 horas ininterrumpidas y el jornal que reciben a cambio es de 10 a 15 nuevos soles diarios, que significa al mes un ingreso de entre 300 a 450 nuevos soles. Por esta miserable suma, estos pequeños viven inhalando sustancias toxicas, como el bióxido de azufre, que poco a poco van minando su delicado organismo.

Dicho en otras palabras, van muriendo de a pocos, mientras sus verdugos se llenan los bolsillos de plata a costa de este sacrificio, pues reciben entre 60 a 80 nuevos soles por tonelada de carbón. Este es el precio que pagan los camioneros -que cumplen la labor de intermediarios- para luego ofertarlo a un precio mucho mayor en las zonas de la costa peruana e incluso sirven de acopiadores de material para empresas del exterior. Si tomamos como referencia que el promedio de producción de estas minas informales es de 25 a 30 toneladas semanales, estaríamos hablando de una producción mensual de 100 a 120 toneladas, basta una pequeña operación matemática para llegar a la conclusión que estos explotadores ganan al mes entre 8 mil a 9 mil 600 nuevos soles ¿Se le puede llamar trabajo digno a esto?

LAS LETALES CONSECUENCIAS DE LA MINERÍA INFORMAL

Para que se tenga un concepto más amplio, del enorme peligro con el que tienen que lidiar diariamente estos "niños y hombres del carbón", les comentó el triste cuadro al que tuve que asistir hace pocos días, cuando me encontraba de visita en la comunidad de Canibamba Alto y me enteré (por versión de los mismos comuneros) de la lamentable muerte de tres hermanos integrantes de la familia Roldán Polo al interior de una de estas famosas minas artesanales. Los hermanos que se desempeñaban como obreros en la mina informal de carbón "San Benito", propiedad de Arístides Castro Gamboa, ubicada en el sector La Victoria (Alto Chicama), encontraron trágica muerte luego de ingresar a uno de los túneles que había permanecido cerrado por más de tres meses, sin haber tomado la precaución de primero oxigenar el socavón carbonífero, lo cual les provocó un envenamiento por inhalación de gases tóxicos de azufre.

Se trata de los hermanos Carlos, Santos y Oscar Roldán Polo, cuyas edades oscilan entre los 20 y 25 años según afirmaron algunos comuneros del sector. Ellos, al parecer ingresaron al socavón en horas de la madrugada del día lunes, sin presagiar el triste final que los esperaba, sus cuerpos sin vida fueron rescatados al promediar las 08:00 horas del lunes 12 de setiembre por algunos compañeros de labores. Aunque el caso se manejó con absoluta reserva, trascendió que este no sería el primer accidente fatal, como consecuencia de los mal llamados mineros artesanales que obligan a sus trabajadores sin las más mínimas condiciones de seguridad. "Ya son varios los casos en los que personas, en su gran mayoría menores de edad que son explotados por estos sujetos inescrupulosos, mueren al interior de estas minas de carbón informales, sin que las autoridades hagan nada al respecto" señalaron los indignados comuneros.

¿DÓNDE QUEDÓ EL CUMPLIMIENTO DE LA NORMA Y LA DEFENSA DE LA VIDA?

De acuerdo a lo que establece la ley de concesiones mineras, todo aquel que explote recursos minerales en pequeñas o grandes cantidades, está en la obligación de ceñirse a los reglamentos que establece la Ley General de Minería, es decir, la presentación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) o el Plan de Adecuación del Medio Ambiente (PAMA), además de brindar las condiciones de seguridad absoluta a sus trabajadores y poner énfasis en el uso adecuado de sustancias químicas; sin embargo, estos inescrupulosos traficantes de vidas humanas no cumplen, ni siquiera en lo mínimo con dichos requerimientos, los que si les son exigidos (y constantemente supervisados) a las grandes empresas mineras, que muchas veces invierten millones de dólares en el cumplimiento de las normas.

Si estos mal llamados "mineros artesanales", incumplen descaradamente con el ordenamiento legal a vista y paciencia de las autoridades competentes, entonces deberíamos preguntarnos ¿Dónde queda el principio de equidad? ¿No era acaso que las leyes son iguales para todos? Esperamos que se tome real conciencia sobre el importante rol que nos compete en la protección de nuestra infancia y juventud. Que se tome conciencia que en las zonas del ande muchos de nuestros pequeños hermanos se mueren diariamente por 10 nuevos soles sin que nadie trate de remediarlo; es más, ni siquiera se dan por enterados porque estos "mineros artesanales" no les representan demasiado protagonismo o noticia de portada, como si lo son las grandes empresas mineras.

¿Dónde están los famosos grupos ambientalistas que se hacen llamar defensores de la naturaleza, de la vida y del ecosistema? ¿Las ONG´s que reciben financiamiento exterior para velar por estas comunidades excluidas y que nunca rinden cuentas a nadie, pero que si son buenas para incitar a las comunidades a enfrentarse a las grandes empresas mineras y a las fuerzas del orden? ¿Es que acaso estos menores desprotegidos no son seres humanos que también necesitan que los defiendan de los mal llamados "mineros artesanales"? Señores, ya es tiempo que justifiquen sus jugosos sueldos y se pongan a trabajar en serio. Recuerden que muchas veces la justicia tarda, pero finalmente llega.

 
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