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CALENTAMIENTO
GLOBAL YA RESIENTE PREOCUPANTEMENTE LATINOAMÉRICA
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El nevado peruano Pastoruri (que alcanza
los cinco mil 240 metros de altura sobre
el nivel del mar) 70 kilómetros al
sur de la ciudad de Huaraz y que forma parte
de los principales circuitos turísticos
de alta montaña del Callejón
de Huaylas, también se ha visto seriamente
afectado por el calentamiento global en
Sudamérica.
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Un organismo de las Naciones Unidas
advirtió esta semana sobre el nefasto impacto
que el fenómeno tendrá en la región
a largo plazo. Sin embargo, el deterioro de los
ecosistemas ya es una realidad palpable. El glaciar
Chacaltaya en Bolivia se ha dividido en dos y
los científicos advierten que desaparecerá
en siete u ocho años. También están
retrocediendo los glaciares de la Patagonia, los
peruanos de Yanamarey, de la Cordillera Blanca
y de Santa Rosa, así como el glaciar del
volcán nevado de Santa Isabel en Colombia,
según el Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA).
En Costa Rica, algunos anfibios
como el sapo dorado y la rana arlequín
han desaparecido y un estudio publicado por la
revista Nature revela que ya no es posible detectar
dos tercios de las 110 especies conocidas de ranas
arlequín en Centro y Sudamérica.
En Puerto Rico, el biólogo Rafael
Joglar y su esposa Patricia
Burrowes, ambos de la Universidad de
Puerto Rico, hallaron que algunas poblaciones
de ranas del género Eleutherodactylus estaban
ausentes. En esta isla y en otras cercanas, los
expertos creen que tres de 17 especies de ranas
de este género están extintas y
siete u ocho están en retroceso.
Mientras que en Argentina ha habido
fuertes variaciones climáticas. "Todo
el territorio de la Argentina hoy tiene un nivel
de precipitaciones de entre 30 y 40 por ciento
superior al promedio histórico. La zona
Centro y Noreste del país sufre un incremento
en la frecuencia de tormentas severas. Ambos fenómenos
han sido asociados al cambio climático'',
señaló Juan
Carlos Villalonga, director político
de Greenpeace en ese país, a The Associated
Press.
En el Caribe han muerto aproximadamente un tercio
de los arrecifes de coral en los sitios oficiales
de monitoreo debido a un incremento en la temperatura
marina.
En el 2004 se registró en
Brasil el ciclón extratropical Catarina,
que algunos llamaron el primer huracán
del Atlántico Sur. El Panel Intergubernamental
sobre Cambio Climático (IPCC), por
sus siglas en inglés, de la ONU -integrado
por unos 2,000 científicos- indicó
que el fenómeno está siendo provocado
por la acumulación en la atmósfera
de dióxido de carbono y otros gases que
retienen el calor, consecuencia del consumo de
combustibles fósiles y de otras actividades
humanas.
Un documento presentado recientemente
por el IPCC advierte que en sólo algunas
décadas el calentamiento global provocará
grave escasez de agua, inundaciones y diseminación
de enfermedades tropicales que afectarán
a millones de personas, así como extinción
masiva de especies. El Amazonas y los glaciares
latinoamericanos podrían desaparecer. En
el Protocolo de Kioto -el cual busca hacer frente
al problema estableciendo cuotas de reducción
de gases por país-, se reconoce que las
naciones industrializadas, con el 20% de la población
mundial, son responsables del 60% de las emisiones
actuales y de la totalidad de las emisiones históricas
de estos gases.
La contribución latinoamericana
a las emisiones globales era de sólo el
7% en el 2000 y se espera que para el 2050 genere
el 9%, según un informe sobre el cambio
climático en la región, elaborado
en marzo del 2006 a iniciativa de México
y de la oficina regional para América Latina
y el Caribe del PNUMA. "Nos preocupa mucho
el problema. Aunque hagamos las cosas bien (se
reforeste y se reduzcan las emisiones de gases),
mientras los grandes emisores -Estados Unidos,
Europa y China-, no reduzcan sus niveles actuales,
nos condenan a los chicos a morir'', declaró
Carlos León, director de la
Fundación Neotrópica (Costa Rica).
Ante este panorama, desde hace
varios años los gobiernos latinoamericanos
han desarrollado diversas estrategias para mitigar
el problema. Brasil ha hecho importantes avances
en el desarrollo de energías renovables
y actualmente ocho de cada 10 automóviles
en el país pueden funcionar con etanol.
Además, desarrolló modelos regionales
de posibles escenarios y cuenta con importantes
hidroeléctricas, así como proyectos
de energía solar y eólica. También
usa el bagazo de caña de azúcar
para generar electricidad.
En México se establecieron
programas de ahorro energético, uno de
los cuales logró ahorros anuales de 500
gigavatios-hora; Petróleos Mexicanos introdujo
un programa de ahorro de energía que permitió
disminuir sus emisiones en casi 11 millones de
toneladas de carbono anuales y se creó
el Fondo Mexicano de Carbono, que busca detectar
y promover actividades para la disminución
de gases, entre otras estrategias. En Uruguay
se tomaron medidas para incrementar la capacidad
de los suelos para capturar carbono.
Chile impulsó proyectos
de Mecanismo de Desarrollo Limpio, parte del Protocolo
de Kioto; Argentina elaboró informes sobre
las emisiones y las vulnerabilidades del país,
y ha efectuado avances en el desarrollo de fuentes
de energía renovable. Por otro lado, Honduras
asignó 1 por ciento del presupuesto nacional
a un programa de reforestación y desarrolló
programas de eficiencia energética; Venezuela
cambió 34 millones de focos por otros de
bajo consumo y en Colombia se desarrolló
el sistema de transporte Transmilenio, con autobuses
que utilizan gas natural y diesel, entre muchas
otras medidas aplicadas por diversos países
de la región.
Sin embargo, parece que lo realizado
aún es insuficiente, y enormes sectores
de la población continúan sin modificar
hábitos contaminantes. "No tenemos
planes a mediano y largo plazo ajustables en América
Latina. Los gobiernos miran para otro lado'',
remarcó el meteorólogo argentino
Osvaldo Canziani,
copresidente de un Grupo de Trabajo del IPCC.
"Lo más grave no es la disponibilidad
de dinero, es la falta de decisión política
que permita la continuidad de proyectos de adaptación
y mitigación''. La concientización
y participación de los habitantes es crucial.
El cambio climático es un problema generado
colectivamente y se requiere un esfuerzo masivo
para enfrentarlo.
¿Cómo pueden participar
los ciudadanos? Reduciendo el consumo de combustibles
fósiles, usando menos agua y electricidad,
y contribuyendo a la reforestación. Aunque
Latinoamérica aporta sólo un pequeño
porcentaje de las emisiones globales, sus extensos
bosques y selvas desempeñan un papel fundamental
en la mitigación del fenómeno, pues
actúan como "sumideros'' de
carbono, esto es, por medio de la fotosíntesis
fijan el dióxido de carbono y emiten oxígeno.
Y, al destruirlos, se liberan grandes cantidades
de carbono a la atmósfera. Así,
es crucial su conservación.
"El problema es de educación.
En escuelas públicas, los profesores muchas
veces ni saben lo que es fotosíntesis'',
declaró a la AP el doctor
José Marengo, de 48 años,
coordinador de estudios de cambio climático
del Instituto Nacional de Investigaciones Especiales,
de Brasil. Para la doctora Cecilia
Conde, investigadora del Centro de
Ciencias de la Atmósfera de la Universidad
Nacional Autónoma de México, "hay
un consenso mundial de que ya estamos dentro de
un proceso y se va a agudizar. El problema es
movilizar a la gente para tomar acciones, porque
se nos acaba el tiempo y podemos llegar a condiciones
irreversibles". (Fuente: AP)
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