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CASONA
CON SENTIMIENTO
La
noche de la majestuosa fiesta en que los peruanos
del norte agradecerían al libertador Simón
Bolívar quedó grabada, sin embargo,
en las páginas no muy gratas de este país
de todas las sangres.
Cuando
el General preferido por Bolívar se acercó
con elegancia a pedir un baile a la esposa del
anfitrión obtuvo una negativa sonora como
los cañones que aún sonaban en América.
Era apuesto y victoriosos, pero negro. Obligada
al baile por el esposo, casi al sonar el último
acorde ordenó se quemara su traje traído
desde el mismísimo París.
Aquella
noche al Mariscal patriota peruano Luis José
de Orbegoso y Moncada tuvo tanta rabia que cada
pared de su majestuosa casona trujillana aún
exhala sentimientos.
Ella con el paso del tiempo es la expresión
de una nación que se forma trabajosamente
con muchas influencias, como una síntesis
del arte americano y el europeo de esa época,
el Siglo XVIII.
La
edificación de la casa, que deslumbra a
los visitantes, es de dos pisos. Sus dos plantas
conservan las características de las antiguas
casonas de la ciudad. Placentero juego de volúmenes.
Grandes y frescos terraplenes, escaleras y corredores.
La
estructura es en forma de L, desarrollándose
en torno al patio principal, en torno al patio
principal, donde el ambiente arquitectónico
evocado por su arquitectura barroca da un toque
original al observar sus pisos empedrados. Alrededor
se agrupa una serie de habitaciones y otras destinadas
al depósito, caballeriza, etc.
La
ornamentación de la casa es de gran calidad.
El ambiente interior está conformado de
un elegante mobiliario de la época entre
espejos imperio, sillones rococó y medallón.
Igualmente,
se puede admirar la variedad en su vajilla en
cristal y en plata. Asimismo es destacable el
conjunto de pinturas murales del famoso pintor
mochero Manuel Márquez, sin olvidar mencionar
los techos artesanados.
Su
balcón esquinado de columnas estrilladas
y capitales jónicos es único en
el Perú. El se levanta sobre una de las
esquinas más características del
apacible Trujillo, en donde hay, además,
dos cañoncitos que apuntan al sur, inofensivos,
como queriendo revivir las épocas independentistas,
o como si los mendigos, apostados en una iglesia
vecina, tuvieran alguna cuenta por saldar.
El
zaguán posee piso de piedra de canto rodado
y al entrar al patio principal llama la atención
las vértebras incrustadas en el suelo que
forman dos círculos entrelazados. En el
centro, las iniciales de los tradicionales dueños
de casa.
Sus
paredes guardan valiosas pinturas murales, que
ganan la batalla al tiempo. Ellas corresponden
a varias remodelaciones de la casa y a los diferentes
estilos que llegaron de Europa como el mudéjar,
barroco, rococó y neoclásico.
Hoy,
sus ambientes son escenario de actividades culturales
y científicas de un conocido banco peruano
que trabaja por su recuperación arquitectónica,
su cuidado y puesta en valor para el turista que
ama el pasado rubricado en el arte colonial, que
como pocos lugares de América ha sido hecho
con plasticidad y color indelebles en esta casona
de Trujillo, del Perú.
Desde
hace algunos meses guardan en su seno los restos
del más conocido de sus dueños.
El Mariscal José Luis de Orbegoso y Moncada,
prócer de la independencia y único
trujillano Presidente del perú. El traslado
de sus restos fue toda una fiesta cívica
en esta comarca en el bicentenario de su nacimiento.
Las almas, conflictivas y cargadas de ideales
y sentimientos nacionales, habitan cada rincón
y cada claroscuro, en cada trozo de madera. Un
cálido sentimiento se cobija entonces en
el visitante. Es el aire cargado de pasado.
Texto:
Carlos Cerna Bazán ccerna@peruprensa.org
Fotos: Alejandro Cerna Bazán alecerna@hotmail.com
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