ANUNCIE AQUÍ
Director: Juan M. Salinas Guerra - jsalinas@peruprensa.org
SECCIONES

· Trujillo
· Distritos
· La Región
· Nacional
· Internacional
· Economía
· Política
· Sociedad
· Espectáculos
· Especiales
· Cultural
· Opinión
· Entrevistas
· Deportes
· Columnas
· Del Director


LA AGENCIA

Peruprensa es un proyecto periodìstico independiente cuyo objetivo es brindar información alternativa a la ofrecida por los y principales medios


TITULARES
Para recibir los titulares por email ingrese su dirección de correo electrónico
Luego haga click en enviar
 

CONTADOR DE VISITAS
Sábado, 11 de diciembre de 2004

EL FRANCOTIRADOR DE LAS PENAS

Entrevista de Johnson Centeno.

Tiene un hablar cadencioso y su mirada angulosa da la impresión que todo lo piensa. A sus 64 años, que no los aparenta, lleva un buen trajín a cuestas: abogado, profesor, tratadista, juez en tiempos de dictadura, legislador, conferencista, y ahora último, ministro de la Corte Suprema propuesto por el presidente Kirchner. "Esto me ha cambiado la vida radicalmente", dice refiriéndose al nuevo trabajo que desempeña desde octubre del año pasado. También es nadador, polemista, coleccionista de cactus, criador de perros, y admirador de "Los ratones paranoicos". Eugenio Raúl Zaffararoni, uno de los pensadores penalistas más influyentes en Latinoamérica, nos recibe con toda su paciencia argentina y no sabe de reparos a ninguna pregunta. Fuma de principio a fin durante la entrevista ("vogue", americanos de filtro largo, bajo en nicotina). Se pide un café bien cargado. "Sacarina, por favor". Fuma y responde, piensa… y fuma de nuevo.

- ¿Para qué sirven las penas?
- Bueno, hay múltiples funciones de la pena pero en definitiva, desde un punto de vista sociológico, no hay un acuerdo. Está claro que tiene una función de verticalización social, de corporativización jerárquica de la sociedad; pero en realidad, si alguna función preventiva tienen es la función preventiva que tienen todas las sanciones jurídicas, o sea, no es diferenciable del resto. Si uno de abstiene de hacer una cantidad de cosas, lo hace en razón de motivaciones de carácter jurídico que no tiene nada que ver con la pena penal: Si pago el teléfono, por ejemplo, es porque no quiero que me lo corten, y eso no tiene nada que ver con la pena.

- ¿Dr. Zaffaroni, sus críticas al sistema penal latinoamericano, en especial en su "En busca de las penas perdidas", cuánto cree que han contribuido a mejorar las cosas.
- Yo creo que no han contribuido en nada porque no ha mejorado nada, está empeorando todo. Pero no es un esfuerzo en vano, yo creo que en la medida de que en ámbito académico seamos conscientes de esto, por lo menos podemos intentar ponerle algún freno a las aberraciones del sistema. Lo que pasa es que el hecho de que uno critique no va a cambiar un proceso político de semejante magnitud. Basta con mostrar lo que está pasando, no prestarse a esta manipulación, y advertir al sector académico lo que está sucediendo. El sistema no tiene un discurso académico que lo sustente, es mera propaganda, manipulación.

- ¿Vivimos engañados?
- Pero por supuesto, todo esto es un gran engaño, no me cabe la menor duda.

- En Brasil, en una de sus conferencias, Ud. planteó la idea de liberar a la gente de las cárceles….
- No, no puedo soñar de ninguna manera con eso. Yo sostengo que cada país debe decidir el número de presos que quiere tener, que es una decisión política. Hay delitos leves, muy leves que no merecen privación de la libertad. Hay otros delitos muy graves donde no queda otra; pero hay un colchón medio donde cada país hace lo que le da la gana. Este colchón explica que los índices de prisionización de país a país varíen de una manera loca. EE.UU tiene un índice de 500 o 600, Canadá tiene un poco más de 100, y Finlandia tiene el más bajo de todo el mundo.

- ¿Ahora, el número de delincuentes que no ingresarían a las prisiones por sobrepasar el número fijado, a dónde irían, qué pasaría con ellos…
- Bueno, cuando se excede el número, tengo que ver quiénes están por salir inmediatamente, quiénes por delitos menores, menos graves, de abajo para arriba, y los tendría que ir soltando hasta mantener ese número. No voy a soltar un homicida, por ejemplo, salvo que le falten 10 días, un mes.

- ¿Se considera Ud. un abolicionista radical del sistema penitenciario?
- No. El abolicionismo es un programa de transformación de la sociedad, y con el poder del Derecho Penal no vamos a transformarla. El operador del sistema penal no tiene como preocupación una ciudad futura sin sistemas penales. Se puede plantear, seguramente, pero no es la tarea del penalista, sino más bien de un transformador social. El operador tiene que decir aquí y ahora cómo hago para contener el poder punitivo. Ése es su trabajo.

- ¿Por qué no han funcionado las penas alternativas, dispuestas en prácticas judiciales y códigos?
- Han tenido dos problemas. Primero, cierta resistencia del Poder Judicial a aplicarlas y una falta de infraestructura para instrumentarla; segundo, el riesgo que se ha observado en algunos países de que, ante la enorme esperanza que se depositó hace unos 20 años en las penas alternativas para reducir el número de presos, el número de penados aumentó. Esto, precisamente, porque no hubo un límite en el número de presos.

- Aquí en el Perú hay algunos lugares marginales que han estrenado esta medida para hacer frente a la delincuencia: letreros que dicen "atención ladrones, si son sorprendidos serán masacrados", y efectivamente los linchan, y hasta los matan. ¿Qué opina?
- Bueno, son medidas donde el Estado, tácticamente, se retira. Se retira para legitimar su intervención posterior. De cualquier manera, no creo que estos casos sean significativos, tiene que ser un número de muertes reducidas si lo comparamos con la gente que mata a la policía. Frente a ejecuciones policiales, que es un número bien alto en América Latina, el número de linchamientos siempre es un número reducido, y responde a retiros tácticos del Estado. De esta forma hago propaganda al sistema: "Miren lo que pasa cuando nos retiramos nosotros, entonces llámennos; cuando llegamos matamos a balazos a la gente".

- ¿Cómo debe actuar un abogado frente al sistema?
- De la misma manera que debe actuar un juez o un fiscal, es decir, tiene que formar parte de un poder jurídico de contención de la violencia del sistema. Hay un poder punitivo que se va para un lado, y un poder jurídico que lo controla. El abogado es participe del poder jurídico desde la perspectiva de la defensa.

- El tema del terrorismo, ¿cómo abordarlo?
- El terrorismo hoy en día es el nuevo Satanás. Don Sata anda muy mal hoy, está arrinconado, tiene el tenedor roto, la cola chamuscada. El problema de los últimos años es que no se encuentran enemigos poderosos; pudo ser la droga, el bloque soviético, la seguridad nacional, mañana no sé que será. Antes se construía fotográficamente a los enemigos, hoy se los construye cinematográficamente, son muy rápidos. En la hora actual es el terrorismo. ¿Cómo se le combate?, como se combate cualquier delito, con la policía, investigando, con servicios de informaciones, etc.

- No merece una connotación especial en su represión, digamos…
- Absolutamente. Eso de decir voy a tomar tales medidas contra el terrosismo nos lleva a tomar tales medidas contra la droga, contra la sífilis, tales contra el terrorismo internacional; es propio de una ideología de guerra: buscar el enemigo y barrer con todo tipo de garantías, o sea, la implantación de un Estado policía. Hoy no será posible un autoritarismo de guerras propiamente, pero es un autoritarismo cool…

- ¿Cool?
- Sí, cool, sin discurso, sin ideas, puro slogan, publicidad. El autoritarismo entre guerras tenía una creatividad perversa, fértil, pero existían. Acá hay una decadencia del pensamiento que se rellena con publicidad salida de una caja idiotizante, el "gran hermano", que va estupidizando a la gente con mensajes cada vez más oligofrénicos.

- Hablemos un poco de su trabajo en la judicatura, Dr. Zaffaroni. Su último cargo en la Corte Suprema se lo debe al presidente Kirchner. ¿No siente algún tipo de conflicto?
- No, en absoluto. Creo que soy el juez 150 o más de la Suprema. La forma de designación en la Argentina es a propuesta del Presidente de la República, así fueron nombrados desde 1862 los 150 que me precedieron, entonces…

- Pero se puede pensar que es una retribución al apoyo que Ud. le dio en la campaña….
- No. El apoyo mío en la campaña no fue tal, fue una conversación que tuve con Kirchner, y nunca más lo volvía a ver hasta cuando me ofreció esto…

- ¿No le diseñó Ud. las propuestas judiciales para una reforma?
- No, en absoluto.

- ¿No le resta independencia?
- No me siento dependiente de nada. Por supuesto que me siento responsable como integrante de un poder del Estado. Creo que todo tribunal supremo no puede ser suicida, si alguien le hace ver las consecuencias de una resolución que se tome, y esas consecuencias pueden cuasar males graves a la población, uno se contiene de tomarlas, pero eso no tiene nada de deshonesto. Es el diálogo que entre cabeza de poderes, pero eso no significa que me manejen por teléfono. La independencia judicial no es independencia del Estado (sonrisas)…

- Cómo reaccionaría si intentan presionarlo, ¿renunciaría?
- No, ¿por qué voy a renunciar? No aceptaría la presión y listo.

- Pero lo haría público…
- Tampoco es necesario hacerlo público.

- Se lo guardaría…
- Sí, pero hoy en día nada queda en secreto (risas)…

- Ud. también fue juez de la dictadura, ¿cómo fue su experiencia?
- Bueno, fue una de las etapas más difíciles. Yo nunca tuve presiones, en lo personal, pero no me ascendieron, me dejaron a un costado. En Argentina hay dos tipos de magistraturas: la General y la Ordinaria, yo pertenecía a esta última, de modo que me ocupaba de los ladrones. No veía casos políticos, salvo el hábeas corpus, pero estábamos muy impotentes. Yo fui juez federal en la época democrática anterior, y cuando vino la dictadura me degradan a juez de sentencia, y allí me quedé.

- ¿Qué tal su experiencia política en el Frepaso?
- Interesante. Yo siempre estuve más inclinado al peronismo por su vertiente social. Con alguna ambivalencia, el peronismo también se caracterizó por cierto paternalismo, policial sobre todo, y tenía un programa de reforma del sistema penitenciario bastante progresista para la época. Es un periodo de lanzamiento económico, de transformación de la Argentina, de concentración urbana, y como toda concentración es tumultuaria y conflictiva, tuvimos que pagar un precio, es decir, fue ese paternalismo el que de alguna manera nos impidió tener que retirar 20 muertos cada fin de semana. Una concentración urbana con pleno empleo, cubierto con cierto paternalismo policial y en general pacífico. Yo siempre me incliné hacia eso porque para mí el populismo no es una mala palabra, creo que es un movimiento continental interesante y, pese a las contradicciones, el balance final del progreso de América Latina se lo debemos a los populistas.

- La izquierda parece estar resurgiendo en la región…
- No creo que sea una izquierda, creo que es el resurgimiento de un populismo no racional. No es una izquierda en el sentido tradicional de un Partido Comunista, de un movimiento elitista; es un poco pasar a limpio las ideas del populismo. ¿Lula está haciendo un gobierno de izquierda?, ¿Lagos está haciendo un gobierno de izquierda? Yo diría que no.

- ¿Kirchner?
- No sé. El problema de hoy en la Argentina es que no existe una oposición organizada. Después de la crisis del 2001 el partido radical queda muy desarticulado, y hasta hoy no logra recomponerse. Es un problema porque la oposición está muy fragmentada, y el sistema político necesita una fuerte oposición. También hay dificultades de tipo institucional que compartimos con toda América Latina, pero… Yo creo que es el presidencialismo. El presidencialismo está agotado. Es mentira que el sistema presidencialista sea más fuerte que el sistema parlamentario, por ejemplo, cualquier se da cuenta que el gobierno de Perú no es más fuerte que el gobierno de Alemania (risas). Cuando el sistema presidencialista tiene mayoría parlamentaria es muy peligroso, cuando no lo tiene también. En el primer caso el presidente tiene demasiado poder; cuando no tiene mayoría, corre el riesgo de pasarse por encima del parlamento, legislando con decretos de urgencia, o queda en una posición muy débil. El sistema presidencialista es, además, irracional: Hacer depender la estabilidad de un sistema político de la salud física y mental de una persona me parece ridículo.

- Volviendo, Dr. Zaffaroni, ¿es verdad que los detractores a su nombramiento en la Suprema, exhibieron una foto suya donde aparece Ud. envuelto en una bandera de la Internacional Homosexual?
- … Sí, pero no fue envuelto en una bandera, fue una foto trucada. Hay una foto real: salíamos de una sesión de la constituyente de 1996 en Buenos Aires, y estaba el movimiento gay, travesti, y nos sacaron una foto con una bandera; pero después hay otra foto en la que aparezco yo con un poncho, que se publica en blanco y negro, y dicen que el poncho es una bandera gay internacional… (risas). Bueno, sí, yo he defendido al movimiento gay por puesto, y lo sigo defendiendo…

- ¿Aprueba el matrimonio homosexual?
- No sé si el matrimonio. Entiendo que todo lo que sea idóneo para estabilizar relaciones afectivas en la población es bueno. Si es matrimonio o no, eso deben discutirlo los civilistas, pero elección sexual es una elección de cada uno y debe respetarse.

- ¿Es Ud. muy vanidoso?
- Creo que no más de lo normal (sonrisas).

- ¿Con qué sueña, a estas alturas de su vida?
- Bueno, en lo personal, en unos cuantos años más me retiraré de la Corte, y espero dedicarme a viajar, a escribir, y a seguir enseñando. En lo social, llegar a ver una Latinoamérica más integrada, y donde se vaya revirtiendo este proceso de polarización de riqueza y de creciente injusticia social que generó la década pasada.

Agradecemos al Ms. Alejandro Quispe Villanueva y al Taller de Ciencias Penales UPAO por las facilidades para esta entrevista..

Ir a la página principal

ARTÍCULOS RELACIONADOS

El nuevo viaje de un Belaunde
02/11/04

Los últimos disparos de Pablito (10/09/04)

Todos los derechos reservados